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Lo imposible es la esencia de la actividad artística. El arte, al ser una suerte de intersticio que se nutre de sí mismo, es paradoja, enigma, obstáculo, silencio y clandestinidad… Él encarna y circunscribe lo real, valiéndose de las dimensiones simbólica e imaginaria que, en conjunto, dan consistencia a los objetos.

Después de Duchamp, sabemos que el arte se halla más del lado del síntoma que del de la sublimación, tal y como nos lo señala Eric Laurent: “Las obras de los grandes artistas hoy no son sublimes, ellas son síntomas” [1], y, añade Gérard Wajcman, dichos síntomas “[n]o (son) del artista: (sino) de la época y del mundo. Del malestar” [2].

En la época del capitalismo se rechaza la palabra en cualquiera de sus modalidades. La belleza ha caído junto con otros significantes, otrora primordiales. El arte nos muestra en acto la crisis contemporánea del ser humano, en el seno de su propia actividad, en tanto que síntoma.

Si la humanidad y la creación artística van de la mano, la desaparición de una implicaría, inminentemente, la desaparición de la otra. En palabras del artista japonés Hiroshi Sugimoto, la situación quedaría expresada para él del siguiente modo: “Yo muero (…) pero con el orgullo de saber que es el arte lo que ha desencadenado la desaparición del mundo. La civilización humana ha comenzado con el arte, que ella se acabe con el arte es entonces perfectamente lógico (…)”[3].

En medio del caos mundial reinante los creadores cumplirían con un rol fundamental, que ya no es solo ni primordialmente estético, sino también ético y epistémico. Se trataría, pues, según Sugimoto, nada más y nada menos que de la muerte o de la salvación del mundo por el arte.

En su instalación titulada “Aujourd’hui, le monde est mort [Lost Human Genetic Archive][4], este artista ha recreado la visión de un mundo en el que ser humano ha desaparecido; en este ámbito ficcional quedarían, empero, las cartas y las ruinas como vestigios importantes de la existencia humana. En este trabajo, al que Sugimoto ha consagrado cerca de diez años, se…

“….pone en escena un mundo después del fin de la humanidad: Una visión personal de la historia vista desde el porvenir. La exposición está constituida de una treintena de escenarios, narrados por diferentes personajes ficticios: un apicultor, un especialista en religiones comparadas o incluso un hombre político, quienes escogen preservar (o no) para el futuro, su patrimonio genético individual (…)”[5].

El artista se sirve, pues, de la obra para hacer un llamado desesperado frente a nuestra factible desaparición, y exclama: “¿Hacia dónde se dirige esta humanidad incapaz de impedir su propia destrucción (…)?”[6].

Finalmente, considerando el estado actual de nuestra civilización, y prestando atención a lo que los artistas nos adelantan, nos interrogamos sobre las posibles acciones y elecciones que la crisis hipermoderna determina.

Nos hallamos en un punto en el que la insondable elección del ser, evocada por Lacan, juega, quizá como nunca antes, un rol decisivo en lo que será la extinción o la continuidad del parlêtre. Son estos, pensamos, los problemas prácticos y teóricos que la ciencia, la técnica y el arte de hoy nos plantean.

mandy toro

 

Foto de la exposición Hiroshi Sugimoto « Aujourd’hui le monde est mort »

(25.04.14 – 07.09.14), Palais de Tokyo. © Photo : André Morin

 

por  Mandy Toro Andara. Doctoranda en Psicoanálisis Universidad de París VIII. Vincennes- St Denis.

 

 

 

[1] http://www.palaisdetokyo.com/fr/rencontre/conversations-sur-tout-ce-qui-tombe-1ere-rencontre. La traducción del francés es nuestra.

[2] Ibíd.

[3] La traducción del francés es nuestra. Este fragmento pertenece a una de las cartas que constituyen la instalación presentada por Sugimoto en el Palacio de Tokio en 2014, titulada: “Aujourd’hui, le monde est mort [Lost Human Genetic Archive]”. Cfr. http://palaisdetokyo.com/fr/exposition/aujourdhui-le-monde-est-mort.

[4] Cfr. N. p. p. No 3.

[5] Cfr. N. p. p. No 1.

[6] Ibíd.

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