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La historia del psicoanálisis está marcada por el del binario síntoma y carácter. La práctica inaugurada por Freud se fue transformando y sus seguidores se olvidaron de las formaciones del inconsciente. Veremos como el movimiento psicoanalítico se fue alejando de los descubrimientos freudianos. Los analistas de los años 20 ven una nueva patología, en la que se impone la repetición. Esta patología se presentó como   asintomática pero afectando al comportamiento. Estos analistas intentaban convencer al sujeto de que estaba enfermo, porque su conducta caracterial le da satisfacciones y trataban de hacerlo sintomatizar, allí se inscribió el forzamiento de Wilhelm Reich. Crearon tipos caracteriales que se extienden sobre toda la vida cotidiana y los intentaron educar. Ernest Jones y Karl Abraham realizan cierto número de retratos que son muestra evidente de esta caracterología.

El síntoma freudiano está modelado según las formaciones del inconsciente, sería algo localizado de lo que el sujeto sufre. En el carácter hay otra cosa, si es un modo de satisfacción es distinto que el síntoma, se presenta como una patología de la conducta. Apunta a algo más arcaico que el síntoma. Freud remitió el síntoma al símbolo y la formación del carácter a la pulsión e incluso a la zona erógena. Con el carácter tal como lo describen, no hay trastorno por parte del sujeto sino que son los otros los que se alteran puesto que se ve descompuesta la realidad exterior, el entorno, el lazo social, al gran Otro. Causa estragos en el sujeto, pero en relación con los otros.

Estos analistas pensaban la neurosis en relación al síntoma, como formación inconsciente, como fenómeno acotado que percibe el sujeto y que le molesta. Cuando se encontraron con una infiltración total de la existencia por la neurosis, quisieron darle una categoría clínica especial y concentraron la dificultad en dicha noción creando el término de neurosis de carácter.

Esta patología se muestra a modo de crisis que vuelven de forma estereotipada y se repiten causando obstáculo en toda la vida del sujeto. Tiene que ver más con el destino que con la vida cotidiana; se trata de experiencias donde o son los otros los injustos o es el sujeto que la toma con los otros y los perjudica; se presentan como conductas de tratar mal o hacerse tratar mal, etc. Para los analistas de los años 20 tratar con esta patología era una experiencia de lo real distinta que la división del sujeto, la del inconsciente y del desciframiento de estas formaciones.

En el texto de 1908 “El carácter y el erotismo anal” Freud da cuenta de la conexión entre rasgo de carácter y comportamiento de un órgano. Individuos ordenados económicos y tenaces presentaban una acentuación de la zona erógena anal. Este texto permitió a los analistas de los años 20 deducir muchas consecuencias, fue el triunfo de la caracterología analítica.

La demanda del Otro domina todo lo relacionado con el objeto anal, Jones lo estudia profundamente y deriva los rasgos de carácter.

Ernens Jones y Karl Abraham entre otros, encontraron la presencia del carácter anal en aquellos individuos que están convencidos de hacer las cosas mejor que los demás. Sujetos que al hacer las cosas por si mismos se instalan en un rechazo a las exigencias del Otro y su regla. Por todo esto, la presencia del carácter anal, causaba problemas en la cura y con frecuencia llevaba a crear transferencia negativa. La cura analítica exige que el analizante admita que no sabe lo que dice y también que admita que lo que dice va más allá de lo que conoce, es decir requiere creer en el inconsciente.

El analizante refractario está en la encrucijada misma, en el cruce donde estos analistas partieron para un lado y según parece Freud partió para otro. Hay algo en el carácter que no se deja interpretar según las formaciones del inconsciente.

A medida que sus alumnos se apoderan del término carácter para volverlo la clave de la experiencia de lo real y de lo que experimentan como resistencia, Freud se esfuerza en sacar dicho concepto de ese lugar. Al contrario desarrollará a partir de este punto las paradojas del goce y dará toda su importancia a la paradoja de la satisfacción en el sufrimiento.

Para dar cuenta de esta patología del carácter Freud escribió “El yo y el Ello” en 1923 donde introdujo la 2ª tópica, yo, ello y superyó donde manifiesta que en el yo mismo hay algo que se conduce como reprimido. Elabora en este texto la extensión del síntoma al carácter como una extensión de lo inconsciente hasta incluir al yo. Dio cuenta de la presencia de un inconsciente propio del yo, y de un superyó inconsciente que abarca la conciencia crítica y la conciencia moral.

Partiendo de lo descubierto en la melancolía encontró que hay en el yo una parte inconsciente que tiene mucho que ver con la aparición de estos fenómenos de repetición y de satisfacción desconocida para el sujeto, esta parte del yo se presenta en la cura como resistencia.

El inconsciente del yo se arraiga en el ello, en definitiva en la pulsión, por otro lado se arraiga en el superyó, esto es en la identificación. Pulsión e identificación se imponen en la lectura de “El yo y el ello”. El concepto de identificación le permitirá a Freud esencialmente dar cuenta del carácter como una transformación de la libido del ello en una configuración del yo. Hay articulación entre la libido y los rasgos de carácter con los que el yo está marcado a partir de este enraizamiento libidinal. Es pues una respuesta más precisa que la que dio en “EL carácter y el erotismo anal” por la identificación intenta dar cuenta del problema planteado.

Crea el superyó y lo desarrolla en “El problema económico del masoquismo” en 1924 y retoma la cuestión en el “Malestar en la cultura” en el 1929 con el fin de situar la experiencia de lo real en este lugar del goce como imposible de soportar. Elaboró los conceptos del masoquismo primordial, la reacción terapéutica negativa, y la pulsión de muerte presente en el humano, pero sus alumnos se alejaron de esta cuestión.

Desde la experiencia de la repetición, de la inercia de los síntomas que se resisten a ser curados, Freud va a teorizar la pulsión de muerte, como una fuerza en el interior del psiquismo que trabaja en contra del sujeto. Esta parte del edificio teórico freudiano no fue aceptada por una parte de los seguidores de Freud y tuvo que ser Lacan quien la rescatara como una pieza fundamental de la estructura del psiquismo, con su concepto de goce. Podemos pensar que a raíz de este descubrimiento freudiano se originaron varias crisis que determinaron la práctica analítica y a la vez la deriva del psicoanálisis a lo largo de la historia.

Los analistas de los años 20 entendieron este movimiento como medio para conquistar la autonomía del yo, usaron el superyó el ello y el yo pero dejaron de lado la pulsión de muerte. La pulsión paradójica prefiriendo el concepto de carácter.

La caracterología analítica es anterior a la egopsycology a la que dio sus cimientos, se apoyó en la segunda tópica, se centró en la defensa y no apuntó al síntoma sino al carácter y la personalidad. El acento pasó del síntoma y la represión, al carácter y la defensa frente a la pulsión.

La idea de un yo fuerte, base de la egopsicology se fundamenta en el rechazo a la pulsión de muerte, esta corriente postfreudiana va a privilegiar el yo en detrimento de la pulsión guiándose por la máxima freudiana donde el ello estaba el yo debe advenir. Con la formación de un yo fuerte, pensaron educar el carácter. Promovieron el análisis de las resistencias y de las defensas y se alejaron del inconsciente reprimido.

Lacan viendo esta deriva que había tomado el psicoanálisis volvió a Freud, esto significa volver a las formaciones del inconsciente; volvió a la primera tópica, a la represión y al síntoma como retorno de lo reprimido y dio prioridad a la represión sobre la defensa. En el “Seminario V Las formaciones del inconsciente” toma las conductas de la histérica y del obsesivo como formaciones del inconsciente.

Miller en “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica” da cuenta de dos tipos de interpretación a tener en cuenta. Del lado de lo simbólico contamos con el síntoma, la represión, el deseo y el inconsciente, la interpretación como desciframiento concierne a lo reprimido y su retorno. Del lado de lo real tenemos el carácter, la defensa, el goce y la pulsión, la interpretación como perturbación se refiere a la defensa y está en relación con el inconsciente no reprimido. Lacan con su concepto de real apuntó que había otra cosa que el sentido; este giro va a desembocar en su última enseñanza con la aparición de lo real que excluye el sentido.

Concha Miguélez. Socia Sede de Madrid de la ELP.

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