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– Hay dos ejes de las jornadas, Adolescentes, ¿de qué os quejais? y Educar, ¿dónde está hoy lo imposible? que podrían relacionarse con una entrevista que te han hecho el año pasado en Alicante. Allí hablabas de una crisis de autoridad en el mundo contemporáneo y de las dificultades que planteaban padres y profesores. Sin embargo podemos decir que la adolescencia misma, como momento subjetivo, supone una crisis de autoridad , ya que supone un desasimiento de las figuras parentales, un tomar distancia del discurso del Otro y un intento de articular la propia enunciación así como la propia responsabilidad. Los padres ya no tienen el lugar ni la autoridad que tenían en la infancia y eso permite la “salida exogámica”.

Qué posibilidades y qué dificultades encuentran los adolescentes de hoy, con los elementos que les presenta la cultura contemporánea, para “tratar” la crisis de autoridad estructural a ese momento vital?

El significante crisis muestra su potencia de amo pues desde hace años referencia los avatares del vínculo social. El psicoanálisis utiliza el significante crisis en la lógica de su discurso, no recubre el mismo campo semántico que el discurso social  si bien hace referencia a la desestabilización de un orden.

El funcionamiento hegemónico del discurso capitalista en este momento histórico marca la imposibilidad de regular por el nombre del padre. Lacan ya había tratado esto abriendo la cuestión del sinthome como lo que podría anudar más allá del mismo. Lo que registramos en la subjetividad actual tiene que ver con este punto y el psicoanálisis cuenta con recursos para hacer con ello porque el mismo ha dejado de centrarse en el padre.

La llamada “crisis de autoridad” es en realidad un cambio de interesantes consecuencias para los psicoanalistas porque toca el tema de la transferencia. Cuando algo se transforma en síntoma social es un indicador de que se hace necesario un cambio  y no restauraciones que están al servicio del control social lo que quiere decir más represión.

La llamada “crisis” implica que lo  real se desregula porque no se puede utilizar, en este caso,  el instrumento  del padre y esta desregulación afecta progresivamente a distintos niveles.

El psicoanálisis  introduce algo nuevo en relación a la autoridad pues pone en primer plano la transferencia y el  “mandar” no como amo sino como resto. Es un cambio en la orientación porque se trata de una autoridad que no ejerce el poder de dirigir la modalidad de goce, sino que dirige la cura para que el sujeto pueda abordar de otro modo su realidad sintomática.

Lacan  en la “Dirección de la cura” deja una frase orientadora no solo para el psicoanálisis sino también para otras prácticas:

Pretendemos mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis, se reduce, como es corriente en la historia de los hombres, al ejercicio de un poder._

La autoridad implica el reconocimiento del Otro. Pero no se trata de la demanda de reconocimiento que siempre desautoriza, sino del reconocimiento que se produce sin pedirlo  porque se hace lo que se cree que se debe hacer para sostener la función y se encuentra en ello una satisfacción. Lacan dará otra orientación muchos años después en el seminario El sinthome. Se trata de un analista instrumento que pueda ayudad a tratar la singularidad de lo pulsional por medio de suturas y empalmes.

Una primera diferencia importante se hace entre la autoridad que busca la obediencia del sujeto y la autoridad que se ofrece como instrumento para que el sujeto pueda tratar su goce y alcanzar lo que quiere. Esta distinción también es importante para el discurso de la educación.

El núcleo mismo de la autoridad no está en el poder sino en el deseo puesto en juego porque no hay autoridad sin transferencia. Lo que se transmite es la fortaleza del propio anudamiento sintomático que sostiene agujeros que permiten inventar lo que hace que la satisfacción circule y toque al otro bajo la forma de producciones concretas.

Se trata así de un  otro más bien rezagado de todos los magisterios, como señalaba Lacan,  que impacta con su funcionamiento y sostiene la transferencia. La pérdida de las garantías sociales pone más en evidencia que la  única “garantía” de la autoridad, lo que impacta,  la da el propio deseo sostenido sinthomáticamente.

 

Educar, ¿dónde está hoy lo imposible?

Lo imposible es estructural como muy bien lo señalaron Kant, Freud y Lacan cuando se refirieron a las profesiones imposibles…imposible de dominar el goce lo que no es lo mismo que tratarlo.

Lo imposible en tanto real no cambia, cambian las formas de tratamiento y con ello los efectos que se producen. El tratamiento de ese imposible por la vía educativa se centró durante mucho tiempo en la divisa positivista, orden y progreso, lo que quería decir que a mayor educación mejor trabajo, es decir, era el modelo del padre que reprimía y sancionaba dando una promesa de futuro. Esta modalidad de regulación de lo pulsional, la idea de que el sujeto educado podía erradicar sus pasiones, fracasa con la Gran Guerra lo que le hace formular a Freud que no era que el hombre hubiera caído tan bajo como se lamentaban sus contemporáneos  sino que no se había elevado tan alto como se creía…

Bajo las premisas del discurso capitalista neoliberal se ha cambiado el horizonte de promesa y se ha olvidado la definición misma de educación para intentar reducirla a un control social homogeneizador.

La educación es una oferta de objetos culturales para que el sujeto haga con ellos su propio camino. Las producciones culturales alimentan el circuito pulsional , esos vínculos con la cultura despiertan el deseo y dan satisfacción, las “cosquillas de la cultura” como decía Lacan, y ayudan a interpelar lo imposible.

Aquí se pone en juego la relación de cada docente con la cultura. Hoy los sujetos saben valorar si hay una oferta interesante en juego y un Otro que apuesta por su singularidad o si se trata de letra muerta.

Los niños nacen a un mundo que ya está estructurado por los cambios tecnológicos mientras que los adultos se quedan en la puerta. Es la diferencia del dominio por inmersión donde el objeto socializa y modela las competencias y la adquisición de algo que es vivido como ajeno pero que sin embargo captura y por eso genera frecuentemente un oscuro rechazo.

El cambio de los códigos dificulta la entrada del adulto. Por ejemplo no entiende el pasaje de la narrativa a la pragmática tecnológica. De este modo el niño es dejado solo frente al objeto lo que genera mayor dificultad de regulación. Por eso después los aprendizajes reglados le aburren y “pasa” del maestro que en la mayoría de los casos ha quedado en otro tiempo. El adulto está desposeído de saber para los niños lo que quiere decir que la transferencia va por otros derroteros, pero tal vez lo más interesante es poder reconocer que el niño tiene un saber -y no me refiero con ello al sujeto del cognitivismo-, que se ejercita con los objetos que se ofrecen porque se trata de un saber hacer, de un funcionamiento.

En este punto se abre un interesante trabajo con los docentes que se encuentran frecuentemente perdidos sin saber qué hacer. En lugar de ponerse en juego dando una orientación preguntan al niño qué quiere con lo cual quedan en una posición de demanda. Es decir se desautorizan tal vez sencillamente porque la brújula del padre no funciona.

En los años sesenta Hanna Arendt escribía sobre la crisis de la educación dando una orientación fecunda, una crisis es la ocasión de producir lo nuevo, no hacerlo y buscar soluciones caducadas eleva la crisis a catástrofe.

Frecuentemente los sujetos son derivados a la consulta por la escuela, es una demanda porque  hay algo que no puede dominarse, de este modo es un síntoma del Otro y da cuenta de su impotencia. El síntoma del niño en general no coincide con la impotencia de los adultos. De allí la importancia del síntoma propio porque es la forma que tiene cada sujeto de hacer con su goce y evita las dificultades que pueden aparecer si, como sucede cada vez con más fuerza, se lo ataca. No se trata de erradicar el síntoma sino de hacer el buen síntoma más operativo , la educación es una de las formas de tratarlo por eso no debe perderse  su especificidad

 

Adolescentes, ¿de qué os quejáis?

Partimos de la diferencia entre adolescencia como categoría social y la pubertad como momento crítico de encuentro con lo real de la sexualidad. El significante adolescencia vela lo que está en juego sintomatizándolo, de allí que LA ADOLESCENCIA  como categoría se transforme en síntoma social. Los “especialistas” se dedican a hablar sobre ellos para recubrir el no saber que generan…

El enigma que plantea ese momento de la vida tiene su fundamento real, el no saber qué hacer afecta, aunque de distinta manera tanto al adolescente como al adulto porque es el goce que pasa a primer plano con todas las dificultades que implica. En el adolescente porque tiene que hacer con “eso” que se le impone y debe inventar cómo tratarlo. En el adulto por el cambio con el que se encuentra,  en lugar de “su” niño hay ese desconocido que muestra otros goces.

La pregunta que se hace, la que interpela con el “qué pensáis?” no tiene respuesta porque no hay el colectivo pero es interesante porque siempre se interpreta a los llamados adolescentes del lado del ser, supuestamente todos saben como son…pero nadie le pregunta al adolescente qué le pasa.

Un adolescente   es un artesano que usa la lengua, las imágenes, los objetos,  para tratar a su manera el goce inédito y este funcionamiento es transgresor la más de las veces sin proponérselo porque pone a prueba los diversos elementos que tiene a su alcance. La infancia es el momento del tratamiento del goce para la constitución de una base sintomática mientras que  la adolescencia lo es de la actualización sintomática para  poder pasar por el Otro cuerpo.

Los adolescentes de hoy parecen reconocer que la única garantía de la autoridad   es el deseo. Frecuentemente  sus rechazos son formas de respuesta a la incomprensión del otro, a su falta de deseo, a sus rutinas… porque necesitan el punto vivo del Otro para poder orientarse.  A veces sus escandalosos síntomas no son más que un llamado al Otro para que le ayude a regularse en su dificultad de hacer con el cuerpo. Por eso de lo que se trata es de desagregar al sujeto del conjunto por la vía del síntoma e introducirlo en la conversación.

 

Gabriela Medin pregunta a Hebe Tizio. Miembro de la ELP y AMP. Barcelona. 

 

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