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Lucía Lijtmaer es escritora y periodista en eldiario.es. En la Editorial Capitán Swing ha publicado Quiero los secretos del pentágono y los quiero ahora, crónica de su inmersión en los submundos de la Deep Web y del activismo digital.

Es comisaria del festival Princesas y Darth Vadres, que en el mes de noviembre celebraba su segunda edición en La Casa Encendida de Madrid. También ha sido profesora en la universidad, organizadora de eventos culturales y traductora. Como toda su generación ha tenido que hacer malabarismo para hacer lo que le gusta. Como periodista freelance busca producir un periodismo crítico y ético.

 

¿Qué ha supuesto para tu generación a nivel profesional y personal la crisis que estamos sufriendo?

A mi generación la crisis le ha tocado de lleno, no hay que olvidar que hablamos de la generación nombrada como mileurista. Sobre el papel estábamos sobreformados, sin embargo, no hemos conseguido los beneficios que otras generaciones sí llegaron a disfrutar. Hay una diferencia enorme con la generación de mis padres, aquella que por ejemplo se pudo comprar una casa. El primer socialismo lo que hizo fue dotar de piso o coche a toda una población y nosotros eso no lo hemos visto. Somos una generación que ha vivido la falta de acceso a ese supuesto Estado de Bienestar. Nunca lo hemos tocado. Es cierto que recogimos ciertas migajas, fuimos los primeros que nos fuimos de Erasmus, hemos podido viajar y aprender idiomas. Pero nunca alcanzaremos el poder adquisitivo del que otras generaciones han disfrutado. No es casual que uno de los movimientos políticos más interesantes que surgió en Cataluña, Guanyem, venga de un primer movimiento que se llama “no vas a tener casa en tu puta vida”.

Por un lado, somos una generación que ha sido tachada de muy conservadora por buscar el nido de la mínima estabilidad. La crisis del 2007 y 2008 nos atraviesa. Como periodista es algo de lo que puedo hablar extensamente, junto a otras profesiones como los arquitectos lo hemos sufrido de forma más directa. He vivido el cierre de cuatro periódicos. Hemos encadenado trabajos muy mal pagados estando sobreformados, en ese sentido era fácil caer en el conservadurismo de querer alguna estabilidad. Por otro lado, somos una generación que vivimos el 15M de una manera directa e implicada. Los jóvenes hemos formado los nuevos partidos, ya sean de izquierda o de centro derecha – o lo que quiera que sea Ciudadanos-. La guerra de Irak y la precariedad marcan a toda una generación políticamente. Es importante verlo en global. La crisis nos politizó.

¿Y a nivel afectivo?

A nivel afectivo hemos vividos muchos cambios por la crisis económica. Paralelamente a movimientos como el 15M se empezaron a cuestionar modelos de familia y modelos afectivos. No casualmente se está empezando a hablar en España del poliamor y de cómo los afectos son políticos. Que la intimidad es política, algo muy de los noventa en Estados Unidos, llega a España por esta movilización y estallido social. Todo toca directamente con el feminismo. Lo político no es solo el programa que tú tienes en tu partido, o el cómo te relacionas hacia afuera, sino que tiene ver con qué pasa dentro de tu propia casa y con cómo son tus prácticas afectivas. Somos la primera generación de mujeres que entendemos ciertas prácticas como algo abierto y social porque la crisis nos ha atravesado a ese nivel.

¿Cómo se vive esa sensación de no superar a la generación anterior?

No es únicamente una sensación. Las cifras son claras, por primera vez una generación no llegará al nivel adquisitivo ni laboral de la anterior. Es la primera vez en España que se decrece. Ser consciente de esa realidad afecta a todo. Por ejemplo en el plano afectivo del que hablaba, veo como la mayoría de mis amigos no se pueden plantear tener hijos porque no tienen las condiciones económicas mínimas para poder tomar esa decisión.

¿Qué quiere decir que la cultura está en crisis?

Creo que es una estupidez porque la cultura la hacen los ciudadanos. Hay una visión entre estatal y privada en la que están los artistas por un lado, y luego, el resto de la población. Son estas nociones de los niveles de cultura, Umberto Eco y los apocalípticos vs. integrados que fueron superadas hace mucho. No existe una cultura del artista mirando por encima de su torre de marfil y un pueblo aparte que la consume. La gente produce la cultura que nosotros analizamos y que el Estado gestiona. El Estado lo que tiene que hacer es generar las herramientas para que los ciudadanos puedan crear y producir en las mejores condiciones posibles.

No sé a qué cultura se refieren cuando se hace esta afirmación, lo mismo a la de Prisa… Me pasa igual cuando dicen que la gente lee menos, no es verdad; internet ha traído de nuevo la palabra, leemos y consumimos mucha más letra que antes. Otra cosa es la apelación de “¡oh Dios mío! la gente no va al teatro”, bueno, es que igual eso está mutando y no lo quieren ver. Para mí no es más que el discurso apocalíptico que siempre se repite.

En los últimos meses se ha hablado mucho del papel de las mujeres en las instituciones culturales y de la necesidad de medidas que garanticen la proporcionalidad entre hombres y mujeres en el acceso a estos puestos. ¿Crees que estas medidas pueden ser efectivas? ¿Cambiarían el tipo de gestión cultural?

Creo que todo cambiaría si hubiera más mujeres en todas partes. Hablaba con una periodista que está haciendo un estudio sobre la presencia de las mujeres en las empresas y en las instituciones culturales, me decía que la institución que cuenta con más directivas mujeres tiene un seis por ciento. Seis por ciento, ¡es una basura!

He cambiado mucho mi posición con respecto a la paridad a raíz de vivir en carne propia, como periodista, la dificultad de acceso que sufrimos las mujeres a puestos más altos. A día de hoy creo que sí son medidas necesarias, hay que cambiar una lógica que hemos vivido como sociedad que nos ha hecho creer que todo es meritocrático. Eso de “si eres bueno llegas” es totalmente falso.

Este tema siempre lo comparo con el de la raza en Estados Unidos porque es un imaginario que todas conocemos por las novelas o las películas. El primer negro que estudió no llegó por mérito propio – y seguramente era buenísimo- fue porque le dejaron estudiar. Antes no podían estudiar en la universidad y no tenían derecho a voto. Son por tanto medidas necesarias para visibilizar que la mitad de la población no tiene ese acceso y tenemos que dárselo. El discurso de género, el feminismo, debería atravesar cualquier política y por desgracia no lo hace.

¿Crees que no lo hace?

No, en absoluto. Mientras siga existiendo un día de la mujer; mientras a mí me sigan invitando a hablar de las mujeres en el periodismo y no simplemente de periodismo; mientras me sigan preguntando si existe una literatura femenina; mientras cumplamos un papel anecdótico seguiremos siendo vistas como un gueto. Yo no tengo ningún problema en hablar de género porque me interesa, pero sé escribir y hablar sobre muchas más cosas. No somos un colectivo, ¿qué es eso de “colectivo de las mujeres”?, somos la mitad de la población.

¿Marcaría un cambio de lógica que hubiera más mujeres directivas?

No lo sé, mientras no podamos comprobarlo… Son postulados que todavía están en un plano teórico, necesitaríamos verlo en la práctica. Pero lo cierto es que no estamos ahí.

Es común escuchar que se rechacen creaciones artísticas de mujeres bajo la sentencia de que es “demasiado femenino”. ¿Qué hay detrás de una afirmación así?

En el caso de lo que estoy trabajando ahora del humor con el festival de Princesas y Darth Vaders se ve claro. Comencé a trabajarlo porque escuchaba decir a humoristas mujeres que ellas jamás tendrían un hueco en el mundo del humor. Por ejemplo Isa, de Isa ve pelis, trabajaba en la SER, es una cómica excelente y realiza un trabajo espectacular. Ella me decía: “yo no voy a tener nunca un prime time en la SER porque los cómicos son los chicos, y el humor que yo hago a ellos no les hace gracia”. Las mujeres podemos ponernos en la posición de los hombres, pero un tío ante una peli o cualquier producción hecha por una mujer no se siente apelado, lo ve como una cosa rara, no se puede poner en ese lugar. Si yo voy a ver un monólogo de Buenafuente me puedo reír si es gracioso. Para muchos hombres el humor que hacen Isa o Malena Pichot es tachado de humor femenino, simplemente porque está hecho por una mujer que habla – como todos los humoristas que hacen monólogos- de su experiencia personal. Esa experiencia personal de la mujer no la pueden entender.

Es increíble que este tipo de humor, que se centra en hacer comedia de lo propio entendido como lo que atraviesa el cuerpo de las mujeres y que no entra en la lógica de reírse tanto del otro o de las miserias ajenas, despierte la oleada de agresividad que estamos viendo en las redes sociales.

Es una barbaridad que descubrimos quienes trabajamos en algo que tenga que ver con internet. Todas recordamos la primera vez que te insultan y la agresión tan grande que supone. Recuerdo mi primera columna en el diario ADN, la primera columna digital, porque mientras haces papel eres feliz porque no te enteras, pero cuando empiezas a hacer digital… El primer comentario que recuerdo era llamándome “becaria basura”.

¿A raíz de qué?

De un artículo sobre Barcelona. Nunca responden a nada, es la pura agresión por defecto. Esta experiencia luego te curte, pero tienes que pasar por ello y es aterrador. ¡He llegado a ver tal nivel de agresión en la red! Una chica, en La Casa Encendida, nos contaba sobre una académica norteamericana que tenía un vídeo blog sobre literatura, una señora de mediana edad que lo único que quería era difundir su trabajo. Los comentarios que colgaban en sus vídeos eran del tipo no te follaría ni ciego de farlopa”.

Lacan decía que si a la mujer no se la puede capturar dentro de cierta lógica fálica lo que se hace es que se la difama.

Totalmente. Es por defecto, no tanto por el contenido de lo que planteamos sino por la forma. Lo vemos en todos los campos.

El mes pasado comisariabas el festival Princesas y Darth Vaders donde se reivindicaba el derecho de ser princesa, un guerrero del mal o las dos cosas a la vez. ¿Por qué decides reivindicar la posibilidad de ser princesa? Llamaba la atención que un festival feminista reivindicara ese derecho tras la crítica que los feminismo han realizado a los imaginarios de las princesas.

El nombre del festival surge de un blog que encontré. Se trataba de un grupo de madres cuyas hijas pequeñas les habían pedido, el día de carnaval, ir vestidas a la guardería de princesa y Darth Vaders a la vez. Las madres customizaron a Darth Vader en plan rosa, con purpurina, y subieron las fotos al blog. Eran fotos estupendas de niñas vestidas con tutus rosas y la máscara de Darth Vader. Me pareció precioso que niñas tan pequeñas reivindicaran unirlo todo. Por tanto, se trata de un festival hecho sobre lo libertario: que cada uno pueda ser lo que quiera ser.

Por otra parte, personalmente tengo la lucha de reivindicar la frivolidad como espacio de libertad. Me refiero a la frivolidad entendida como el humor, como lo camp relacionado con la homosexualidad. El feminismo no tiene que pasar por el autocastigo o la reivindicación dolorosa, por lo mortificante de cierto espacio pesimista. Entiendo que exista este punto pesimista porque estamos fatal y a las mujeres nos está lloviendo mucho. Sin embargo, creo que hay que reivindicar la frivolidad como espacio propio y político. Mostrar que no hay una única forma de hacer feminismo, hay muchas maneras y lugares desde los que luchar.

Me gusta la cultura pop y el análisis de lo frívolo porque es símbolo y síntoma de muchas cosas. Ahora estoy participando en un programa de televisión online, Siberia TV, donde hacemos unos sketches que parodian la frivolidad de los programas del corazón. Desde ese humor y esa frivolidad se están cuestionando muchas cosas. Otro ejemplo son los memes feministas que generan una crítica y visibilizan desde la risa.

¿Cuál es tu grito de guerra ante la crisis?

Me lo tengo que pensar, es algo muy importante.

Quizá no haga falta un grito de guerra. Quizá baste con seguir haciendo resonar que queremos luchar desde la alegría, que no vamos a renunciar a troncharnos de risa.

 

Realizada por Mercedes de Francisco. Miembro ELp y AMP. Madrid y Clara Vázquez. Licenciada en filosofía. Investigadora en el campo del feminismo y el psicoanálisis. Participante del Nuevo Centro de Estudios en Psicoanálisis (NUCEP) de Madrid. 

(Realizada en el marco de la Comisión bibliográfica)

 

 

 

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