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El tema de la violencia de género es un tema de actualidad en los medios en España. Sin embargo, frecuentemente se cae en tópicos que se repiten haciendo hincapié en la posición de víctima obstaculizando una reflexión acerca de lo que está en juego en las relaciones de pareja. ¿Las crisis de pareja, las crisis de amor pueden conducir a la violencia? ¿Qué reflexión podemos hacer desde el psicoanálisis sobre este fenómeno?

 

Me parece interesante separar aquí dos cuestiones, por una parte lo que insiste y es trans-histórico y, por otra, lo que responde a la actualidad y toma la forma que determina la época.

Como ya he remarcado en numerosas ocasiones, sociólogos, polítologos, filósofos, etc., se preocupan por la crisis en los lazos amorosos; en resumidas cuentas, por el lazo, el vínculo entre los sujetos. La pérdida de valor del amor considero, siguiendo a Freud, que muestra la decadencia de nuestra civilización. El otro día justamente encontré un artículo que comparaba la caída del Imperio Romano con este momento.

Con el despliegue capitalista en su máxima expresión: su circularidad y su empuje destructivo, los lazos se tambalean, los sujetos se convierten en mercancía, las situaciones laborales, sociales, etc. afectan a los sujetos en su dignidad y la degradación avanza.

Pero esta época no solamente tiene esta cara, sino que resurge un feminismo con nuevos aires, se habla de “feminización de la política”, del feminismo del “cuidado”. Se sabe que en las situaciones extremas, guerras, pobreza, crisis económica, son las mujeres las que pierden más que los hombres, pero también se sabe que si no fuera por muchas de ellas no habría salida. (En la segunda Guerra Mundial las mujeres sostuvieron los países y esto contribuyó a su incorporación posteriormente al mundo laboral)

Resulta paradójico que en la época con mayores derechos sociales y políticos de las mujeres nos encontremos con el fenómeno del “feminicidio”, porque no solamente está el problema de las muertes de las mujeres en España a manos de sus parejas, sino los asesinatos de mujeres en México que Bolaño mostró en su novela 1966, las ejecuciones y lapidaciones en muchos países árabes, la esclavitud y la prostitución por mafias de distintos países. No se trata de una violencia aislada, aunque la que nos ocupa hoy tenga la particularidad de darse en el vínculo amoroso. Es decir que el hombre que asesina a su pareja o ex pareja, no asesinaría a otros. Pero esta particularidad no debe desvincularse enteramente de las otras formas de violencia contra las mujeres.

Estamos viviendo quizás en el mejor momento de la historia en cuanto a los derechos de las mujeres, y a la vez nunca se llegó tan lejos en cuanto a su degradación. Hay una película que recomiendo, “El Capital” de Costa Gavras, que diagnostica nuestra época y muestra descarnadamente el lugar que ocupan las mujeres.

El elemento trans-histórico al que me refería se puede corroborar a poco que se eche una ojeada al lugar que ha tenido la mujer a través de los siglos. Desde las leyes hasta la filosofía han rechazado a la mujer de una u otra forma. En realidad nuestra civilización no ha dado muestras de poder hacer otra cosa.

A partir de la lucha de las mujeres, esto ha ido cambiando y por lo menos en los países, “mal llamados”, del primer mundo, hemos creído haber llegado al cenit. Pero como decía muy acertadamente la actriz Emma Thomson en una entrevista, esto es una ingenuidad, porque las cifras, las condiciones y las crisis ponen sobre el tapete su falsedad, la lucha no puede parar.

En este sentido, la última novela de Houellebecq me puso los pelos de punta, más allá de su ficción política, lo que me pareció verdaderamente sorprendente y casi una advertencia es el tratamiento de las mujeres y su futuro. Aparecen los hombres contentos volviendo a tener derechos sobre ellas al estilo de los países árabes en pleno centro de Occidente. Vamos, “¡una pesadilla!”… y, a la vez, ¡una alerta! Houellebecq llegó a decir en una entrevista para un diario español que ésta es la aspiración que cualquier hombre esconde y no confiesa.

Esta vez me gustaría hacer referencia a las reivindicaciones políticas y sociales al Estado. Evidentemente las mujeres maltratadas y las asesinadas son victimas del hombre violento, pero es necesario distinguir esto, de la deriva a la victimización de la mujer, tan problemática para mi gusto.

Estamos en un momento donde la palabra víctima tiene un uso político y social cuestionable. Si hubiera ese número de asesinatos de hombres a manos de mujeres, probablemente “algunos” estarían hablando de organizar una “caza de brujas”.

Encontrarse con un agresor y mantenerse a su lado durante años llama a una elucidación, pero esto es bastante distinto a victimizar a la mujer… Al poder le interesan las mujeres victimizadas. Desde mi perspectiva, el psicoanálisis se encarga de contrariar esta cuestión. Está la víctima resultado del encuentro contingente con un agresor y está la “víctima propiciatoria” que elige esa posición. Esta diferencia me parece que es muy importante mantenerla viva.

Considero que cualquier intervención política o social, tendría que ir en el sentido de aportar a las mujeres una escucha orientada que les permita encontrar en ellas mismas los recursos para salir del infierno en el que se encuentran. No se trata de debilitarlas tratándolas como sujetos desvalidos y que no pueden responsabilizarse de sus elecciones, decisiones y, en resumidas cuentas, de su vida.

Lacan introdujo una nueva lógica en un mundo donde solamente la lógica fálica era la brújula. Lógica del no-todo que agujerea el mundo cerrado y esférico del todo y la excepción. Todo y excepción que lleva a la segregación, al racismo, al afuera y al adentro, a la frontera; esto que es ineliminable por el hecho de hablar y que solamente puede agujerearse por esta otra lógica del no-todo que apunta a un indecible, un imposible.

Esta nueva lógica no depende del genero, de ella se puede valer cualquiera. Lo que sí nos recuerda es la imposibilidad de nombrar “del todo” el hecho de que en el mundo la mitad de los humanos tenga un cuerpo de “mujer”

En un momento dado Jacques-Alain Miller nos habló de la feminización del mundo y que el futuro se conjugará en femenino. Creo no equivocarme al afirmar que este “futuro en femenino” tendrá enfrente al capitalismo, máximo exponente del rechazo del cuerpo de la mujer en sus distintas variantes.

Gabriela Medin pregunta a Mercedes de Francisco, miembro de la ELP y AMP. Madrid.

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