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La práctica del psicoanálisis con niños nos obliga a mantener una interlocución permanente con el ámbito educativo, ya que el sufrimiento subjetivo en la infancia y la adolescencia se manifiesta muchas veces en forma de trastornos del comportamiento o del aprendizaje. Esto nos da una perspectiva particular sobre lo que está ocurriendo en el mundo de la enseñanza y en términos más generales sobre el malestar de nuestra civilización. En España la crisis económica ha acentuado las aristas de una sociedad tremendamente injusta y desorientada, pero también ha servido para velar los múltiples factores que intervienen en la actual crisis de la enseñanza. En este punto reside el interés que tiene hoy el libro de Anny Cordié, ya que en su análisis del mundo de la enseñanza en Francia a finales del siglo XX reconocemos gran parte de los problemas que actualmente se manifiestan en España. La angustia de los docentes, que puede llegar llega hasta la “fobia escolar”, la sensación de fracaso y desbordamiento ante demandas que les llegan desde diferentes frentes, el socavamiento de su autoridad debido a la caída de los ideales que organizaban la sociedad hasta hace pocas décadas, los estragos producidos por la ilusión de que la educación es una ciencia o la desorientación y el estrés que produce la introducción en el ejercicio de su profesión de métodos empresariales de gestión y evaluación de resultados, son algunos ejemplos .

Estos problemas, que nos llegan a diario en nuestra práctica, por boca de maestros, de padres o de los propios niños, son estudiados por Anny Cordié desde la clínica psicoanalítica y aunque el contexto de su estudio es la educación en Francia, también vale para entender lo que está pasando en nuestro país. Ella explica que escribió este libro como una continuación de un libro anterior titulado “Los retrasados no existen”, en el que estudiaba desde el psicoanálisis el fenómeno del fracaso escolar. Ese trabajo despertó su interés por abordar el tema también desde la subjetividad de los docentes. Para ello partió de una experiencia de grupo realizada con docentes que estaban de baja médica por padecer “fobia escolar”. Resulta interesante ver cómo al principio de ese trabajo en grupo los sujetos situaban la causa de su angustia completamente en el Otro (sistema educativo, autoridades, padres, alumnos, falta de medios, etc.), y cómo luego se abrió paso la pregunta por la responsabilidad del sujeto en tanto inconsciente.

En realidad, el sujeto del inconsciente es la llave con la que el libro aborda los diferentes aspectos del malestar en la educación. Señalemos algunos de ellos: en primer lugar, la relación entre los imperativos -a veces contradictorios- a los que está sometido el docente y las particularidades de su constitución subjetiva. Esto permite entender por qué en determinado momento se desencadena una crisis que impide al sujeto el ejercicio de su función y también estudiar la diferencia entre desencadenamiento neurótico y psicótico en el marco del ejercicio de la enseñanza. En segundo lugar, algo que tiene mucho que ver con el tema de nuestras jornadas, me refiero al análisis que hace de los factores implicados en el fracaso escolar – la presión social condensada en el imperativo del éxito, los factores económicos, los factores culturales y socio-familiares – y de cómo estos factores pueden resonar en el inconsciente del niño dando lugar a diferentes sintomatologías. También me parece importante la distinción entre dos tipos de crisis que conviene tener siempre presente. Por una parte las crisis por las que pasa un sujeto en su experiencia vital, por ejemplo la “crisis edípica” o la “crisis de la adolescencia”, y por otra parte las crisis en su sentido patológico, que siempre remiten en última instancia a la manera en que resolvió el sujeto su crisis edípica, es decir su relación con el falo y con el goce.

Especialmente interesante es el capítulo titulado “Crisis de adolescencia y escolaridad”, en el que estudia a partir de un extenso material clínico el impacto sobre el adolescente de las modificaciones corporales y de su estatus social. Lo que allí ocurre es una “ruptura del equilibrio” que se había instaurado después de la “crisis edípica” y que Freud llamó “período de latencia”. A. Cordié estudia, a partir de casos, las contradicciones y las paradojas a las que se ve sometido el adolescente a nivel del deseo, de los imperativos sociales, de la comunicación y del cuerpo, para luego centrarse en las manifestaciones clínicas de la crisis: síntomas depresivos, consumo de drogas, conductas de riesgo, violencia, pasajes al acto, crisis existencial. Dichas manifestaciones –afirma- no son necesariamente patológicas, sino que forman parte de los fenómenos que indican el momento crítico de la adolescencia y que afectan a veces el rendimiento escolar y el comportamiento. Algo completamente diferente a los casos en que se produce el desencadenamiento de una psicosis o de una neurosis, lo que comporta con frecuencia una ruptura con la escuela.

Hay otros dos puntos del libro que a mi modo de ver tienen un gran interés para nosotros. Uno es el papel de los padres y de los docentes en las crisis de los adolescentes. En la línea de la “Psicología del colegial”, de Freud, la autora señala con mucha precisión algunos principios clínicos y éticos que deben ser tenidos en cuenta en el trabajo con estos sujetos. El otro punto es el análisis que hace de la adolescencia en familias inmigrantes en las que el valor de la tradición se ha visto debilitado, al igual que la figura del padre como representante de esa cultura. Esta situación genera una clínica particular debido a que el padre ya no detenta el poder que tenía en su comunidad de origen y muchas veces no tiene ni siquiera el lugar valorizado que da el hecho de tener un trabajo remunerado, lo cual deja al sujeto en una situación de desamparo generador de violencia. En este sentido podemos leer algo que resulta muy actual: “Cuando el trabajo del jefe de familia era reconocido y correctamente remunerado, la familia conservaba sus cimientos, y el respeto de la tradición podía coexistir con cierta integración motivada en la pertenencia al mundo laboral de la sociedad de acogida. Cuando ya no hay trabajo y la miseria llama a la puerta, la fragilidad de este equilibrio se revela. La autoridad parental se degrada a los ojos de los hijos y consiguientemente la cultura puede perder su papel identitario, dejando a los sujetos desamparados y rápidamente marginados. La respuesta a esta situación de exclusión puede ser de otra índole: la rebeldía, con la búsqueda exacerbada de signos de pertenencia. Muchos los encuentran en el retorno a las creencias religiosas y en la adhesión a grupos religiosos extremistas. Cuando se han perdido la dignidad y la autoestima, se buscan otros valores de referencia para afrontar la exclusión (pag. 93).

En definitiva, se trata de un libro que habla de psicoanálisis, pero que desde esta perspectiva toma los problemas actuales de la educación como síntomas de otra cosa, algo que podríamos calificar sin temor a equivocarnos como “crisis de nuestra civilización”.

Jorge Sosa. Miembro ElP y AMP. Barcelona

Reseña sobre MALESTAR EN EL DOCENTE de Anny Cordié.  Ed. Nueva Visión, 1998.

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