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Desde el año 2012 hasta hoy encontramos en los periódicos y otros medios de comunicación numerosas noticias que relacionan la crisis con el suicidio. Esta relación de causalidad se basa, fundamentalmente, en correlacionar coordenadas de datos estadísticos sobre el suicidio con coordenadas de espacio y tiempo. Se establece así un paralelismo entre estadística y causalidad psíquica.  Una analogía que sirve, a menudo, a organismos intergubernamentales como la OMS para justificar sus campañas de prevención sobre el suicidio.

 

El suicidio ha sido a menudo uno de los temas tabú por excelencia para los periodistas en los medios de comunicación. De algún modo ha existido un código de precaución o prudencia respecto a este tema. Los libros de estilo de algunos medios en España como los de los periódicos El País, El Mundo o Radio Televisión Española, han desglosado algunas advertencias sobre como tratar noticias relacionadas con suicidios.

 

El Mundo: “Un suicidio no debe ser noticia en sí mismo. Acaba siéndolo cuando el autor es un personaje relevante o cuando se convierte en un hecho significativo por la forma de llevarse a cabo, la edad o el problema social que se esconde detrás. A la hora de informar de un suicidio hay que tener en cuenta previamente dos cuestiones. Primera, que hay que valorar el común criterio de psiquiatras y psicólogos que nos advierten de que las noticias sobre un suicidio atraen a otras potenciales víctimas. Segunda, que no hay que precipitarse y calificar de suicidio una muerte solo por las apariencias. Hace falta profundizar en la noticia”. (1)

Dic. 2014: El País: Salud constata un aumento de las tentativas de suicidio por la crisis. El suicidio es actualmente la primera causa de muerte en Cataluña en menores de 34 años y las hospitalizaciones por tentativas también han aumentado. (2)

Oct. 2015: El País: Salud identifica a 1.500 personas con conductas suicidas. El protocolo de prevención, desplegado en el 54% del territorio, llegará a toda Cataluña a finales de año. (3)

Numerosas son también las noticias desde 2012 hasta la fecha en cuyos titulares relacionan suicidios con desahucios. Podemos comprobar, tanto por las indicaciones de algunos libros de estilo, como por el tratamiento de algunas de las noticias consultadas, que el tema se enfoca en la gran mayoría de los casos como un problema social relacionado con la salud pública, a menudo se relaciona con trastornos mentales y se crean categorías basadas en conductas y comportamientos que justificarían la existencia de “la personalidad suicida”. De ahí se deriva que las principales fuentes de información que se consultan sean a menudo psicólogos o psiquiatras de una determinada orientación que se convierte muchas veces en la única y la dominante en los medios.

En el año 2004, la OMS declara el suicidio como: “un problema de salud pública enorme y sin embargo prevenible”. (4) A partir de ese año, empiezan a publicarse estudios e incluso predicciones. La organización estima que en el año 2020 se habrá llegado a la cifra de un millón y medio de suicidios en todo el mundo. ¿Qué quiere decir este cálculo? Que en base a esta predicción, el objetivo será crear indicadores que marquen la variación o disminución de estos datos.

Con esto quiero únicamente poner en evidencia y cuestionar esta forma de enfocar el tema. La idea de tratar el suicidio como algo objetivable y prevenible presupone un para todos, sin distinción. El suicidio es un tema delicado que puede tener múltiples causas. Precisamente por eso, porque la encrucijada subjetiva y singular para llegar allí es complicada de descifrar, es algo mucho más complejo que un problema de salud pública a prevenir. Este modo de orientar el tema ya nos debería plantear algunas preguntas de enorme calado.

 

El suicidio en el discurso

¿En qué lugar se sitúa hoy en día el tema del suicidio en el discurso? En la actualidad, como hemos visto, se sitúa en el marco de la salud pública, algo que es posible controlar, y son los datos estadísticos en gran medida la orientación para su prevención.

Pero el suicidio en el ámbito social no se ha simbolizado de la misma manera a lo largo de la historia. El historiador francés George Minois, autor de un libro que se titula ‘La historia del suicidio en la sociedad occidental’, comenta en una entrevista (5) que en la Antigüedad greco-romana, el suicidio era un acto admitido. Está incluso específicamente dicho en la ley romana que el suicidio por el cansancio de vivir es un motivo aceptable. Con la aparición del cristianismo, la cosa cambia, y a partir de San Agustín, el suicidio se convierte en un pecado y por tanto en una prohibición.

Entender el acto suicida como un pecado y una prohibición ¿se podría entender como una forma de represión? Si partimos de esa premisa, en la actualidad: ¿encontraríamos alguna forma de represión similar?

Mi hipótesis: enmarcar este tema como un problema de salud pública vendría a ocupar, a su modo, esa función de represión. El suicidio es un tema que se sigue queriendo tratar con disimulo y que de algún modo sigue siendo reprobado por las autoridades competentes en materia de salud, al menos. Quizás de manera más cosmética que en otras épocas, pero con el mismo fin.

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Si algo nos enseña el psicoanálisis es que la represión y sus múltiples formas (la prevención, el poner controles, la prohibición, etc.) a menudo se constata como una solución fallida, porque algo que ha sido rechazado, no escuchado, insiste en volver a escena. Ciertas orientaciones en materia de salud mental, al rechazar el sujeto del inconsciente, y en su ansia de prevenir y calcular -quizás sin saberlo- a menudo se proponen como un obstáculo más que en un tratamiento.

Jacques-Alain Miller en “Jacques Lacan: observaciones sobre su concepto de pasaje al acto” nos habla de que hay una antinomia o contradicción entre el pensamiento y la acción. Dice que “actualmente hemos formado el ideal de un cierto tipo de actos que siempre responderían a una deliberación científica, de tal suerte que la acción se vería reabsorbida por el pensamiento, con la condición de que este pensamiento fuese científico, matematizado o simplemente racional”. (6)

Una acción pues que respondería a un ideal de acción calculada, medible, con la posibilidad de hacer un patrón según el cual medir la inadecuación del acto. Miller nos advierte que todo este tipo de elaboraciones que ponen a la acción en continuidad con el pensamiento parten del supuesto que “el pensamiento, el que va a actuar y a distribuir sus recursos, por ejemplo, quiere fundamentalmente el bien. (…) Es ahí donde se puede medir la adecuación de los actos y de algún modo preveer que llegue a suceder algo con lo que el sujeto sí se perjudique a si mismo”. (7)

Siguiendo la orientación que nos da Miller, podríamos decir que la prevención parte de un supuesto cuestionable, para el psicoanálisis, al menos. Si algo sabemos desde Freud a Lacan, y por la existencia de la pulsión de muerte, es que el sujeto (entendiendo como sujeto, no únicamente el sujeto del pensamiento/acción, sino el sujeto del inconsciente) no se decanta precisamente por su bien, sino más bien por todo lo contrario. La clínica del acto pone en cuestión el postulado del que parte cualquier prevención medible para todos: es decir que el sujeto del pensamiento quiere su propio bien. Así pues, Miller ahí es directo: “frente al ideal de la conducta racional que inspira especialmente nuestro mundo actual se erige el acto suicida”. (8)

Un recorrido por Lacan

Les propongo ahora un breve recorrido por algunos momentos en la enseñanza de Lacan en los que se trata el tema del suicidio. Para nada pretende ser este un itinerario exhaustivo, pues Lacan trata este tema en otros momentos también. Únicamente el caso por caso nos podría orientar sobre lo que determina a un sujeto elegir una separación radical del Otro como la del pasaje al acto.

Lacan, en Televisión, cuando está intentando responder a las tres preguntas kantianas: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me está permitido esperar? se plantea el tema del suicidio. Y lo hace ante la tercera pregunta: ¿Qué me está permitido esperar?

“El suicidio es el único acto que puede tener éxito sin fracaso. Si nadie sabe nada de ello, es porque procede del prejuicio de no saber nada”. (9)

¿Por qué plantea Lacan esta frase a raíz de la pregunta kantiana sobre la espera?

La espera nos puede llevar hasta el término que Freud utiliza para hablar del desamparo originario del sujeto. (10) A este desamparo Freud lo relaciona con el origen de la angustia, un estado que está impregnado de espera: y ahí podríamos pensar en el estado del lactante, un estado de dependencia de otra persona para cubrir sus necesidades. A este estado de prematuración vendrá después otra experiencia de separación: el destete. (11)

Lacan, en ‘Los complejos familiares en la formación del individuo’ nos habla de la tendencia suicida como otro nombre de la pulsión de muerte freudiana, y lo hace cuando habla, precisamente, de la imago materna y del complejo del destete: “Esta tendencia psíquica a la muerte, bajo la forma original que le aporta el destete, se revela en suicidios muy especiales que se caracterizan como “no violentos”, al mismo tiempo que aparece en ellos la forma oral del complejo: huelga de hambre en la anorexia mental, envenenamiento en ciertas toxicomanías por vía bucal, régimenes de hambruna de las neurosis gástricas. El análisis de estos casos muestra que, en su abandono a la muerte, el sujeto busca reencontrar la imago de la madre”. (12)

Pero en este texto, Lacan relaciona también este tema con la necesidad de hábitat, como un espacio que tiene su función simbólica y que otorga protección:

“Lo que constituye la unidad doméstica del grupo familiar se vuelve, para el individuo, a medida que es más capaz de abstraerlo, objeto de una afección distinta de aquellas que lo unen con cada miembro de dicho grupo. Así, igualmente, el abandono de las seguridades que comporta la economía familiar tiene el alcance de una repetición del destete (…) Cualquier retorno, aunque sea parcial, a aquellas seguridades puede desencadenar en el psiquismo ruinas desproporcionadas respecto al beneficio práctico del retorno”. (13) Si tenemos en cuenta la función simbólica del espacio doméstico, resulta bien interesante plantear este texto para poder pensar el contexto de aquellos pasajes al acto que se producen antes o después de un desahucio, por ejemplo.

 

¿A qué saber se refiere Lacan en esta frase?

Más que a un saber se refiere a un rechazo a un saber, y es el rechazo al saber del inconsciente. Lacan en Televisión, un texto crucial para su teoría del afecto, nos habla de la tristeza, no como un estado de ánimo sino como “simplemente una falta moral, como se expresaba Dante, o también Spinoza: un pecado, lo que quiere decir una cobardía moral, que solo se sitúa en última instancia a partir del pensamiento, es decir, a partir del deber de bien decir o de orientarse en el inconsciente, en la estructura”. (14)

 

Suicidios melancólicos

Eric Laurent, en “Melancolía, dolor de existir, cobardía moral” señala, precisamente que, a partir de Televisión, Lacan nos orienta diferenciando la clínica de la cobardía moral, que estaría más asociada a la depresión, de la clínica del rechazo del inconsciente que remite a la melancolía y la manía: “De este modo, la orientación de la enseñanza de Lacan sobre la melancolía es clara: no la aborda a través del afecto de tristeza, sino más bien en su relación al acto suicida (…). Por un lado, acto suicida; del otro rechazo del inconsciente. (…) El acto se sitúa siempre en un horizonte de rechazo del inconsciente”. (15) Así pues, podríamos decir que el rechazo a hablar, a descifrar el inconsciente, puede precipitar el acto suicida en determinados sujetos. Un acto que Lacan define como éxito sin fracaso, pues si el acto es logrado: consigue lo que pretendía, precisamente, no saber nada.

A propósito de la melancolía, Lacan en el Seminario X, precisa las relaciones entre el narcisismo y el objeto del fantasma. Lacan nos dice que para entender el duelo y la melancolía es importante distinguir el objeto a del i(a) (ideal del yo). El objeto a está enmascarado por lo imaginario, por el ideal. Esa es una estructura parecida a la del fantasma. Lacan apunta en esta dirección para hablar del pasaje al acto del melancólico. En el melancólico es el objeto el que triunfa: “exige para el melancólico pasar, por así decir, a través de su propia imagen, y atacarla en primer lugar para poder alcanzar dentro de ella el objeto a que la trasciende, cuyo gobierno se le escapa –y cuya caída lo arrastrará en la precipitación-suicidio, con el automatismo, el mecanismo, el carácter necesario y profundamente alienado con el que, como ustedes saben, se llevan a cabo los suicidios de melancólicos. Y éstos no se llevan a cabo en un marco cualquiera. Si ocurre tan a menudo en una ventana, o a través de una ventana, no es por azar. Es el recurso a una estructura que no es sino la del fantasma”. (16)

 

Volviendo a la pregunta del inicio. Crisis y suicidio: ¿una relación de causa-efecto? Después de este trabajo no me atrevería a decir si hubiera (o no) una relación causal clara entre estos dos términos. Diría que depende. Por un lado, lo que sí me parece evidente es que la crisis económica y social tiene importantes efectos en los sujetos: quedarse sin empleo, sufrir un desahucio, u otras circunstancias similares, pueden ser los detonantes del encuentro con un real que empuje al sujeto a lo peor. Por otro lado, me parece que esta es una cuestión reducida a menudo a la cifra y a relaciones de causa-efecto que poco nos dicen sobre las encrucijadas subjetivas que llevan a un sujeto a un pasaje al acto que acabe con su vida.

Para terminar, diría que si existiera algún horizonte de prevención posible sobre este tema –sin dejar de estar advertidos de sus impasses y limitaciones, que los hay- sería el de tener en cuenta el inconsciente. Un tratamiento posible sería aquel que permita a cada sujeto un poder decir y con ello la posibilidad de averiguar que está en juego en lo que determina un acto como el acto suicida. El tratamiento por la palabra me parece, acaso, un tratamiento de prevención posible que tiene en cuenta a cada sujeto y que da la oportunidad a despertar del sueño de una falsa y homogénea normalidad.

 

Marta Berenguer. Socia de la sede de Cataluña de la ELP y participante en el Instituto del Campo Freudiano. (Texto elaborado en el marco de un cartel titulado Crisis: duelo y melancolía y presentado en la CdCELP).

 

 

Notas:

1. Libro de Estilo del diario El Mundo.

2. Salud identifica a 1.500 personas con conductas suicidas,El País. Diciembre de 2014.

3. Salud constata un aumento de las tentativas de suicidio por la crisis, El País. Octubre de 2015.

4. El suicidio, un problema de salud pública enorme y sin embargo prevenible, según la OMS. Nota de prensa. Organización Mundial de la Salud Ginebra. Septiembre, 2004.

5. Entrevista con Georges Minois: El suicidio en la historia. Entrevista publicada en francés en el nº 17 de la revista Mental. Compilada en: Suicidio, medicamentos y orden público. Editorial Gredos. 2010. Pág. 159.

6. Miller, Jacques-Alain: Jacques Lacan: observaciones sobre su concepto de pasaje al acto. Compilado en: Suicidio, medicamentos y orden público. Editorial Gredos. 2010. Pág. 180.

7. Íbidem. Pág. 182.

8. Íbidem. Pág. 182.

9. Lacan, Jacques. Televisión. Otros Escritos. Paidós. 2014. Pág. 568.

10. Freud, Sigmund. Inhibición, síntoma y angustia. Amorrortu Editores. Volumen. XX. 2008.

11. Miller, Jacques-Alain. La asunción de la muerte. Donc. La lógica de la cura. Paidós. 2011.

12. Lacan, Jacques. Los complejos familiares en la formación del individuo. Otros Escritos. Paidós. 2014. Pág. 45.

13. Íbidem. Pág. 46.

14. Lacan, Jacques. Televisión. Otros Escritos. Paidós. 2014. Pág. 552.

15. Laurent, Eric. Melancolía, dolor de existir, cobardía moral. Estabilizaciones en la psicosis. Editorial Manantial. 1989. Pág. 119.

16. Lacan, Jacques. Del a a los Nombres del Padre. Seminario X. La angustia. Paidós. 2015. Pág. 363.

 

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