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En su conferencia del 72 en Milán, Lacan está al final de su enseñanza, se dispone a hablar ante un público amplio. Encontramos allí una interesante referencia a la crisis.

Su entrada en el psicoanálisis, tal como la define, fue “un poco tarde” “no era una buena época… pero no tenía elección”… “¿qué me pudo pasar?… vi un psicótico”.

Este encuentro será determinante en la manera de hacer avanzar la experiencia analítica y su marco teórico.

Nos habla de la crisis como efecto de un encuentro. De este encuentro se produce una elección forzada “no tenía elección”, dirá. El encuentro con la psicosis, por un lado lo conduce a su propio análisis, por otro, rasga la superficie del discurso analítico de su época [1] provocando una crisis en el seno mismo de la institución analítica, la IPA. Lacan habla del efecto de horror que produjo… Luego, la Excomunión.

Desde perspectiva, podemos ubicar allí el nacimiento de la orientación lacaniana. A partir de entonces, lo que se produce es su Enseñanza: una teoría jalonada por los encuentros con lo real. Un saber que se reescribe, un saber vivo, por saberse no completo, por dejarse ser no completo, a condición de que algún cuerpo esté allí para hacer de soporte, para soportarlo

En esta conferencia, al final de su enseñanza, podemos leer que para Lacan, el encuentro con la psicosis, un modo de encuentro con lo real, tuvo como efecto la formalización de una orientación que se hace incauta de lo real. El lenguaje, base material, no puede dar la fórmula capaz de resolver el enigma de la sexualidad porque no la tiene. Se trata de un agujero productivo, todo lo contrario de un agujero negro…

El psicoanalista lacaniano es el que advertido de este efecto, lo hace funcionar al servicio de causar el despliegue de la palabra del analizante. Diferencia fundamental con la psicoterapia y podemos agregar, con otras escuelas psicoanalíticas para las cuales el lenguaje es un medio de comunicación.

La psicoterapia desconoce la dimensión del discurso como semblante. Lacan señala que si ha podido decir algo del lenguaje fue en la medida en que pudo separarse de la cuestión del sentido, de la pregunta por el origen. De la mano del goce pudo ir más allá, hasta el borde que hace litoral con lo real.

A la búsqueda actual de dar con la localización del lenguaje, saber en qué parte del cerebro se encuentra, Lacan ya en el 72 nos da la respuesta: el lenguaje “es el lugar”, ya que la incidencia del significante tiene un carácter fundacional en lo que se constituye como “mundo” para el ser hablante.

Así, funda el discurso analítico bajo la orientación lacaniana, en la emancipación del lenguaje de su función de comunicación, de la idea de que “el significado sea lo primero que hay en el significante” y que el lenguaje está ahí́ para producir significación: “Hay algo más primario que los efectos de significación, y es ahí́ que la búsqueda – si es que estamos buscando algo, si es que no lo ha encontrado primero, es ahí que el hallazgo es susceptible de tener efecto”.

 

Leonora Troianovski. Miembro ELP y AMP. Barcelona

 

[1] Referencia a “La crisis, entre el corte y el tiempo”, de F. Ansermet, en: http://crisis.jornadaselp.com/lazo-amp/la-crisis-entre-el-corte-y-el-tiempo/

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