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El diario Liberation publica un resumen el 7 de Julio de una entrevista al economista Thomas Piketty realizada por el diario alemán Die Zeit en la que el autor del libro “El capital en el Siglo XXI” afirma que “Alemania es el país que nunca ha reembolsado sus deudas” y por lo tanto no tiene ninguna autoridad moral para dar lecciones de legitimidad a ninguna otra nación.

No reembolsó la deuda tras la primera guerra mundial y se benefició de una reestructuración de la deuda en 1953 que le permitió reconducir su economía hasta convertirse en la más importante de Europa.

He leído recientemente la libro de John Maynard Keynes “Las consecuencias económicas de la paz”. Keynes comenzó a trabajar como consejero del Ministerio de Hacienda Británico a partir de 1916 y formó parte, tras la primera guerra mundial, de la delegación británica en la Conferencia de Paz en París en 1919. Unos meses después dimitió por estar disconforme con el régimen abusivo de indemnizaciones y reparaciones que se imponían a Alemania. Su libro ya adelantaba las consecuencias económicas del Tratado de Versalles. J.M Keynes fue uno de los economistas de mayor influencia en el siglo XX, pero sus vaticinios no fueron escuchados.

Diez años después estalló la crisis de 1929 y la gran depresión, el ascenso del fascismo en Europa, el poder de los nazis y la segunda guerra mundial. Alemania es derrotada y el ciclo se vuelve a repetir.

Sin embargo, un discurso irrespirable circula por la vieja Europa.

El odio y el racismo retornan, alimentados por la crisis económica, pero sin explicarse totalmente por esta vía. Unos cuantos miles de millones de euros no pueden explicar el inicial rechazo a las propuestas del gobierno de Tsipras.

¿Hay algo más?

Podemos leer innumerables interpretaciones a lo que no tiene sentido. Siempre es así.

Un día más tarde, el 8 de Julio he leído las declaraciones, publicadas por el país (1) en las que El secretario del Tesoro de EE UU, Jack Lew, afirmaba, en Washington, que el hundimiento de Grecia supone un “error geopolítico”, más allá de un problema económico.

Jack Lew hizo esta reflexión en medio de la preocupación que está mostrando Washington en la última semana con la situación de bloqueo de las negociaciones entre Grecia y la UE para un eventual nuevo acuerdo de rescate. Los términos de ese acuerdo deben incluir una reestructuración de la deuda insistió Lew, en línea con el análisis que el FMI y el propio Gobierno griego hacen la situación.

El propio presidente norteamericano, Barack Obama, ha llamado en estos días a sus homólogos griego, francés e italiano, además de a la canciller Angela Merkel, para pedir que hagan un esfuerzo en las negociaciones para conseguir una solución duradera y sostenible.

Existe la preocupación de fondo de que la pérdida de autoridad de la UE en Grecia sea sustituida en el medio plazo por Rusia y China. Para Administración Obama, sin lugar a dudas, un grave error geopolítico.

¿Qué efectos tendrá la intervención de Obama en el curso de los acontecimientos?

Angela Merkel ¿cerrará la puerta a Grecia dejándola caer? ¿o se enfrentará a la opinión pública alemana que ve con malos ojos continuar dando soporte económico a Grecia?

¿Disponen los lideres europeos de un discurso para hacer frente a la crisis política, social y migratoria a la que asistimos?

Lacan subraya en la Proposición de 9 de octubre de 1967 el hecho de que nuestro porvenir en los mercados comunes encontrará su contrapeso en la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación.

La cuestión no radica solamente en el hecho de si Grecia acuerda o no con los gobiernos europeos su permanencia en el “euro”, lo que no deja de tener importancia por las consecuencias, sino en el discurso que se impone cada vez con más fuerza. Ese discurso de la “segregación” retorna como un síntoma que se actualiza pero cada vez con más intensidad y amplitud. El antisemitismo y la islamofobia son las dos caras del mismo fenómeno. Mientras tanto, millones de refugiados que huyen de las guerras de Africa y Oriente Medio se encuentran con el muro defensivo de la incompresión y la falta de solidaridad. Europa abandona a pasos agigantados sus valores fundacionales tal y como ha denunciado recientemente la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

La segregación produce inevitablemente la ruptura del vínculo social y pone de relieve la decadencia y el declive de la organización colectiva de los modelos sociales establecidos en Europa tras la segunda guerra mundial.

Las certidumbres que procura el discurso que nos llega del norte de Europa y de los mercados financieros alimenta, sin cesar, el sinsentido de las experiencias traumáticas del siglo pasado. Experiencias fallidas que retornan y cuyas consecuencias no cesan de no escribirse.

 

Santiago Castellanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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