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Acerca de LA BATALLA DEL AUTISMO, de Eric Laurent. Ed. Grama/Navarin, 2013

La ELP nos interpela con el significante “crisis” y por supuesto se trata de responder desde el psicoanálisis, aunque como ocurre con otros temas, la conceptualización de la crisis en la teoría psicoanalítica podrá luego aplicarse a otros ámbitos, más allá de los tratamientos psicoanalíticos propiamente dichos. Se puede hablar por ejemplo de una clínica del malestar en la civilización o de una clínica de lo social. Dejarnos trabajar por el significante “crisis” produce encuentros inesperados, porque el significante nos lleva sin que lo sepamos a buscar algo que decir sobre él en lecturas que en principio no tratan específicamente sobre ese punto. Algo así me pasó con el libro de Eric Laurent “La batalla del autismo”, en el que expone de forma sistemática los resultados de una investigación sostenida durante más de treinta años sobre la clínica del autismo y que constituye además un verdadero programa de trabajo para investigaciones futuras.

Como explica el prólogo, el libro consta de dos partes bien diferenciadas. La primera, centrada en la clínica del autismo, es la formalización de una larga investigación y también una conversación con otros analistas que se han ocupado del tema. La segunda en cambio es parte de la batalla en que se ha visto inmerso el psicoanálisis en los últimos años para defenderse de los ataques de que ha sido objeto desde posiciones que pretenden colocar a las neurociencias y a los tratamientos cognitivos conductuales como única opción de tratamiento para el autismo. Mientras que la primera permite adentrarse en la clínica del autismo como un campo apasionante que ilumina con una luz distinta la clínica psicoanalítica, la segunda aborda desde una perspectiva menos conocida, lo que podríamos llamar la crisis actual de nuestra civilización, que huérfana de padre se encomienda a la ciencia y a la burocracia de las clasificaciones diagnósticas como a un nuevo Dios, con tal de rechazar la relación del sujeto con lo real del goce, algo que en el autismo se presenta sin el velo de lo imaginario.

Mi interés en mencionar este libro como bibliografía para nuestras jornadas responde al hecho de que las crisis en los sujetos autistas son una vía privilegiada para la comprensión de la función del síntoma en el ser hablante más allá de la dimensión del sentido. Si bien es cierto que en el texto no hay un capítulo específico que trate de la crisis en el autismo, la lógica y la función que tiene el síntoma para un sujeto en el que todo lo simbólico es real, nos llevan a una explicación muy precisa de las crisis y nos permite orientarnos en su tratamiento.

Las crisis forman parte de la clínica del autismo, pero debemos distinguir los momentos críticos en los que el sujeto autista puede realizar un progreso subjetivo, verdaderos actos que encontramos tanto en los tratamientos psicoanalíticos como en los testimonios de autistas de alto nivel, de las crisis padecidas y a veces provocadas por intervenciones desacertadas que no tienen en cuenta la estructura y el funcionamiento del sujeto autista. Muchas veces nos encontramos con esto en nuestra práctica, sujetos que se descontrolan y atacan violentamente a sus educadores cuando éstos pretenden privarlos de sus rutinas o de sus objetos autísticos, sujetos que vuelven esa violencia contra su propio cuerpo intentando arrancarse o dañarse partes del mismo en un intento de extraer un exceso de goce insoportable, o sujetos que entran en pánico cuando el Otro lo violenta con el ruido de “lalengua” al intentar imponerle un saber que el autista rechaza.

El saber que podemos extraer de las crisis en la clínica del autismo ilumina con una luz distinta toda la clínica psicoanalítica, porque además de poner en evidencia que el síntoma es una invención del sujeto para domesticar el goce de “lalengua”, el autismo permite aprehender en qué consiste su función, en tanto es un saber hacer sobre el goce sin la pantalla que supone en otras estructuras la dimensión del sentido. Cuando Lacan habla, a propósito de la crisis de Juanito, como de una experiencia de goce que rompe la pantalla de lo imaginario, nos está hablando del encuentro con el goce en un sujeto para el cual ha funcionado la represión primaria, de un sujeto agujereado por lo simbólico, aunque este agujero esté velado por la pantalla de lo imaginario.

En el autismo, según E. Laurent, nos encontramos con un sujeto que se construye a partir de una “forclusión del agujero”, de modo que no se puede hablar estrictamente de retorno del goce rechazado. El autista está sumergido en lo real e intenta existir mediante el síntoma, es decir mediante la producción de un “neoborde” constituido por el “objeto autístico”, el “doble imaginario” o el “área de competencia”. Si no se tiene en cuenta que el montaje sintomático es la palanca con la que el autista puede eventualmente salir de su aislamiento y entrar en un intercambio con el Otro, si se lo priva de esa “defensa” frente a lo real sin límite, puede producirse una crisis, que como Freud ya indicó, es siempre una reedición del desamparo del traumatismo original.

Tener en cuenta la función del síntoma, descubierta por el psicoanálisis, permite muchas veces evitar o mitigar episodios que, abordados desde otras perspectivas, pueden parecer azarosos o causados por desconocidos procesos cerebrales.

 

Jorge Sosa. Miembro ELP y AMP. Cataluña

 

 

 

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