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Propongo dos libros de interés para trabajar este tema.

La (Des)educación,  de Noam Chomsky

EL Seminario 1, “Los escritos técnicos de Freud”. 1953-54. De J. Lacan

Ante la hegemonía capitalista, el Estado permite que la educación quede en manos de los protocolos y la evaluación.

La orientación lacaniana ha podido situar la crisis con la fractura del orden simbólico, la caída de los grandes ideales y su sustitución por la fabricación y el consumo de toda clase de objetos para una satisfacción inmediata y autística. La educación no es ajena a estos cambios.

Ya decía Noam Chomsky en “La (Des)educación” hace años: “que frente a la idea de que en las escuelas del mundo occidental se enseñaban valores democráticos, lo que realmente existe es un modelo colonial de enseñanza diseñado primordialmente para formar profesores cuya dimensión intelectual quede devaluada y sea sustituida por un complejo de procedimientos y técnicas. Un modelo que impide el pensamiento crítico e independiente, que no permite razonar sobre lo que se oculta tras las explicaciones y que por ello mismo, fija éstas como las únicas posibles. Una enseñanza pensada para la domesticación de los ciudadanos.”

¿Cómo construir un mundo menos discriminatorio, más democrático, menos deshumanizado y más justo?

El psicoanálisis lacaniano tiene mucho que decir.

Si las crisis son una oportunidad transformadora la educación es fundamental para que las transformaciones sean de verdad en profundidad.

Chomsky nos confronta con cómo está montado el sistema educativo. Muestra como está organizado para generar “antídotos a la transformación” y lo ilustra muy bien. Hace un análisis del modelo educativo occidental, en donde señala las claves de cómo está construido para tener sujetos dóciles al sistema. Sobre todo analiza porque la educación no es transformadora, todo lo contrario es subrogadora. Hace que los sujetos se vayan subrogando al sistema de consumo y el sistema neoliberal.

Desde este texto aportamos el encuentro de la dimensión subversiva del psicoanálisis. Es decir, la subversión del sujeto del psicoanálisis junto con un modelo educativo con otra orientación que la actual. Sería un foco de trabajo relevante para producir un cambio a partir de la crisis. La orientación del psicoanálisis en lo que puede aportar a la orientación de los modelos educativos puede ser realmente un elemento trasformador.

Si el modelo educativo dominante es una fábrica de sujetos que llevan incorporado el antídoto de la subversión subjetiva eso afecta al propio sistema y a las dificultades en relación al propio psicoanálisis.

Parece que la escuela en el modelo occidental produce sujetos que ya vienen con anticuerpos para el psicoanálisis, porque el psicoanálisis es una práctica cuya orientación es ayudar a que el sujeto se encuentre con su propia singularidad y no a que se subrogue al otro como se pretende en el modelo educativo dominante.

Para Chomsky el término democracia “se refiere a un sistema de gobierno en el que ciertos elementos de la élite, que se apoyan en la comunidad comercial, controlan el estado mediante el dominio de la sociedad privada, mientras que la población observa en silencio. Entendida así, la democracia es un sistema en el que las decisiones son tomadas por las élites y  ratificadas públicamente, como sucede en EEUU. De esta modo, la intervención popular en el establecimiento de la política pública se considera una seria amenaza”

Los maestros, por tanto han de rechazar la tentación de convertirse en “comisarios culturales”, y convertirse en auténticos intelectuales, que “tienen la obligación de investigar y difundir la verdad sobre los temas más significativos, sobre los temas que importan.”

“una educación cuya meta sea lograr un mundo más democrático debería proporcionar  a sus estudiantes herramientas críticas con las que trazar relaciones entre los acontecimientos”

El psicoanálisis y la educación son dos discursos diferentes y es a partir de esa diferencia que puede hablarse de conexiones, de relaciones de ambos discursos sobre un tema en común aportando cada uno su especificidad de lectura. La conexión entre discursos es posible en la medida que cada uno mantiene su diferencia, la conexión es, justamente, alrededor del vínculo educativo.

Lacan en el Seminario 1, “Los escritos técnicos de Freud”. 1953-54 nos ilustra sobre cómo desarrollar su enseñanza y esto nos puede permitir encontrar paralelismos con la enseñanza en general. En la apertura del seminario dice:

“El maestro interrumpe el silencio con cualquier cosa, un sarcasmo, una patada.

Así procede, en la técnica zen, el maestro budista en la búsqueda del sentido. A los alumnos les toca buscar la respuesta a sus propias preguntas. El maestro no enseña ex cathedra una ciencia ya constituida, da la respuesta cuando los alumnos están a punto de encontrarla.

Esta enseñanza es un rechazo de todo sistema. Descubre un pensamiento en movimiento: que, sin embargo, se presta al sistema, ya que necesariamente presenta una faz dogmática. El pensamiento de Freud está abierto a revisión. Reducirlo a palabras gastadas es un error. Cada noción posee en él vida propia. Esto precisamente es lo que se llama dialéctica”. (Pg 11)

“Las primeras denominaciones surgen de las palabras mismas, son instrumentos para delinear las cosas. Toda ciencia, entonces, permanece largo tiempo en la oscuridad, enredada en el lenguaje”. (pg. 12)

“El ideal del análisis no es el completo dominio de sí, la ausencia de pasión. Es hacer al sujeto capaz de sostener el diálogo analítico, de no hablar ni demasiado pronto, ni demasiado tarde. A esto apunta un análisis didáctico.” Pg. (14)

“Si se toma la palabra tal como se debe, como perspectiva central, la experiencia analítica debe formularse en una relación de tres, y no de dos2. (pg 25)

¿Podríamos afirmar que para el docente sería bueno sostener un dialogo didáctico que no fuera ni demasiado pronto ni demasiado tarde? ¿La experiencia docente puede formularse también como una relación a tres? Dado que lo que relaciona al docente y al alumno es la palabra, es el conocimiento transmitido. Pero no solo eso, es necesaria la palabra libidinizada, con algo que se desliza entre los significantes, para que se instale la transferencia entre el docente y los alumnos uno por uno. Ese encuentro es contingente.

Más adelante afirma:

“La tradición del seminario (es) que quienes participan en él aporten más que un esfuerzo personal: una colaboración a través de comunicaciones efectivas”

“Si no vienen aquí a fin de cuestionar toda su actividad, no veo por qué están ustedes aquí”

¿No debería el docente pretender que sus alumnos tuvieran un pensamiento crítico? ¿Qué encontraran sus propias respuestas?.

Y en la pg. 28:

“….que el sujeto reviva, rememore, en el sentido intuitivo de la palabra, los acontecimientos formadores de su existencia, no es en sí tan importante. Lo que cuenta es lo que reconstruye de ellos”.

¿No sería esto aplicable a la docencia? No es tan importante que los alumnos repitan los conocimientos, lo que cuenta es la apropiación, la reconstrucción y el uso que hagan de ellos.

 

Olga Montón. Psicoanalista. Miembro de la ELP y la AMP.

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