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Dar a la crisis el nombre de “imposible de soportar” supone pensarla desde la perspectiva de lo real. Real que pone en juego la clínica (Apertura de la sección clínica. 1977), y real del grupo analítico; al tiempo que sitúa lo insoportable en su doble vertiente, lo que no se soporta, en tanto que inaguantable y, lo que no se puede sostener, portar. “Hay crisis, en el sentido psicoanalítico cuando el discurso, las palabras, las cifras, lo ritos, las rutinas, todo el aparato simbólico se demuestra súbitamente impotente para temperar un real que hace a su antojo. Crisis es lo real desencadenado, imposible de soportar” (J-A. Miller).

Las recientes Jornadas de la Sede Caracas de la NEL permiten pensar cómo la Escuela, la Escuela de Lacan, en tanto es “un instrumento para el psicoanálisis” posibilita un tratamiento posible de la crisis: crisis venezolana y crisis de los grupos caraqueños. Bajo el nombre “lo imposible de soportar” la Sede realiza sus Jornadas, y con ello, conmemoran la reciente unificación de los grupos de Caracas bajo un mismo nombre.

Propongo pensar el titulo y la propuesta de la Sede, como una interpretación y dejarme interpretar por él.

Por un lado, se hace una lectura de lo que se ha llamado “la crisis venezolana”, una realidad social, económica y política desbordada por la inflación y la devaluación que el capricho del Otro impone y los efectos ineludibles sobre la subjetividad y, de ese modo coloca a la Escuela como lugar donde es posible alojar este insoportable al modo de la transferencia de trabajo: qué dicen los psicoanalistas de la crisis, cómo tratarla. La Escuela se constituye en el lugar para articular la extensión y la intensión, “la significación común y social de la crisis y el sentido mas intimo e intransferible de ella para cada uno ”. (Miquel Bassols. Blog de la ELP.).

De otro lado, este titulo –parece nombrar- la crisis que por años mantuvo a los grupos caraqueños divididos y cómo la Sede encuentra una salida frente a ella. La decisión de cernir la alteridad mantenida, permite a la Sede (la Escuela) hacer síntoma de sus puntos de exterioridad y en un acto, que podemos nombrar con Lacan, un acto de Escuela, propone por vía de la unificación y la transferencia de trabajo, hacer una Aufhebung de lo imposible de soportar, colocándose por encima del clan fraterno de Totem y Tabú, para proponer un colectivo basado en la transferencia de trabajo donde está contenida una “critica activa, practica y teórica al funcionamiento social como tal”.

Es pues un justo reconocimiento, recordaba M. Tarrab, del acontecimiento Lacan en Caracas, que actualiza la Escuela como una experiencia inaugural, porque como señala Miller, en “La doctrina secreta de Lacan sobre la Escuela”, la experiencia de la Escuela es susceptible de ser psicoanalizada y para ello requiere de psicoanalistas que apliquen los principios analíticos a nuestros grupos y de ese modo mantener el principio de la comunidad de la experiencia analítica, conjunción completamente inédita entre lo analítico y lo institucional, que mantiene en el horizonte y como política que nos orienta, el deseo de devenir AE: “…. Volverse responsable del progreso de la Escuela, volverse psicoanalista de su experiencia misma” (Lacan Otros Escritos, Pág. 261) .

Interpretación y acto, colocan en el seno de la Escuela el problema de la extimidad y hacen prevalecer el Uno, que como decía Miquel Bassols en su alocución (Apertura de las Jornadas de Caracas-Radio Lacan No 100), no es un Uno uniforme, ni fusional o único, sino, el “Uno que incluye a su propia alteridad, que incluye al Otro mas ignorado. Uno que permite soportar lo insoportable. Son los efectos de la interpretación de la Escuela como sujeto”.

La Escuela como Uno encuentra un modo de tratar lo imposible, es decir, de hacerse soporte. No hay garantía pero hay lazo. Lazo “inédito” que propone Lacan, cuando anuda el Uno solo con los otros, por medio de la transferencia de trabajo. Se demuestra así, que nuestra Escuela no es un concepto retórico, sino como señaló M. Tarrab, un refugio frente al malestar en la cultura, que nos compromete a la exigencia y el deseo de subjetivar lo que para cada uno es lo imposible de soportar.

Clara M Holguín. Miembro NEL y AMP. 

 

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