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En la actualidad la barrera ante el horror aparenta estar desgajada, estallada. Sin embargo, pese a ese estilo, algo se detiene. Se substrae algo que los mismos parlêtres implicados desconocen y suponen una ilusión de controlar.

Según Benjamín “para la belleza es ineludible un acoplamiento indisoluble entre encubrimiento y encubierto” , pues lo bello no es la envoltura ni el objeto encubierto, sino el objeto en su velo. Desvelado se mostraría insignificante”.[1]

Lacan en su Libro La Ética dice: “no olvidemos que si sabemos que hay barrera y que hay más allá, nada sabemos sobre lo que hay más allá”. La última barrera es lo bello, luego, el horror.

En este empuje desenfrenado y furioso de hacer de lo privado público y a tiempo real, se intenta satisfacer ese goce del ojo, pues a mi entender se ha producido una suerte de ruptura entre “la esquizia del ojo y mirada”; el ojo bulímico, decía Mauricio Tarrab

Se manipulan las imágenes a mostrar, seleccionándolas. Destilan odio y crueldad. Ambas son un tratamiento de la pulsión

“En el odio al otro que se conoce a través del racismo, hay algo más que agresividad, se odia la manera particular en que el Otro goza” [2]

Los ejemplos más recientes los vemos en las guerras en el Medio Oriente, los estragos provocados por grupos fundamentalistas que exponen los cuerpos mutilados, decapitados. Al mejor estilo del circo romano, se viralizan “casi” a tiempo real. Es este un artificio globalizado de ¿repetición, reiteración o iteración?

Sabemos que la categoría de tiempo para el psicoanálisis no remite a los tiempos cronológicos sino a los tiempos lógicos: Instante de ver, momento de comprender y tiempo de concluir. El tiempo para el psicoanálisis se asienta en una lógica no calculable para las convenciones sociales. Se trata de una temporalidad lógica, que no responde a la prisa ni a lo efímero del imperativo contemporáneo.

La pulsión de muerte es ineliminable. La satisfacción de la pulsión será parcial pero siempre habrá satisfacción. La posibilidad será mezclarla, ligarla con la pulsión de vida, pero seremos siempre testigos de esa desmezcla, de ese intento permanente de la pulsión de muerte por satisfacerse.

Una satisfacción pulsional instantánea y sin miramientos (Freud, 1939) conduce a conflictos peligrosos con el mundo exterior y su aniquilamiento.

“Lo que queda por fuera de toda ligadura, tienen su eficacia y satisfacción en la aniquilación, la crueldad, el odio y la violencia. La satisfacción de la pulsión no podrá pensarse sin la época y allí el nazismo se presenta como un “instrumento” para cumplir sus propósitos. El nazismo no debe ser pensado sólo como un modo de expresión de la satisfacción cruel sino que la pulsión de muerte se vale del nazismo para su expresión”. [3]

La pulsión de muerte se sigue valiendo en toda época, cada vez de un modo más descarnado.

Tomando una expresión freudiana, esta guerra la gana la desmezcla, y sí somos testigos como esa desimbricación desarmada dispara a lo peor.

Jorge Alemán, hace un tiempo, proponía que “la ambivalencia es un último intento de dar un orden de composición a la pulsión destructiva; el otro tratamiento es la guerra, pues en la guerra la estructura del sujeto comparece por fuera de la ambivalencia. [4]

Retomando los tres tiempos lógicos: instante de ver, tiempo de comprender, momento de concluir, en cuanto a la época y la prisa, donde los tiempos nos corren, tiempo y espacio se conjugan en un instante, produciendo un pasaje del instante de ver al momento de concluir, rechazando el tiempo de comprender.

Un paso más: en la actualidad el siglo XXI en el mundo del el imperio de las imágenes y del espectáculo, la operación es otra.

Mi hipótesis es que la misma esta comandada únicamente por el instante de ver; lo cual conlleva al empuje instantáneo al goce / pulsión escópica e invocante satisfaciéndose en esos bordes que contornean las zonas erógenas, como un cuerpo fragmentado

Para concluir; nada es sin intenciones políticas espurias que con el efecto viral, aumentan la perplejidad, los parletres quedan anonadados ante una invasión que es del orden de la a-nomia. Así, las gentes quedan aletargadas en su deseo

Aún así, bajo esta la proliferación, “todo en tiempo real”, el velo del pudor que aparenta desgajarse opera, hace un tope, pese a ese empuje incesante de mostrarlo todo.

Tomaré otro ejemplo: De la sociedad del espectáculo a la sociedad pornográfica; lo porno y/o posporno donde la desnudez sin forma, pornográfica es obscena.

No es sublime, es obsceno, el cuerpo que se hace carne, sostiene -Chul Han- en la Sociedad de la transparencia, apoyándose en Benjamín y Agamben. La desnudez de la carne esta tan cerca de la obscenidad cuyo resultado es la violencia

Sostengo que la implacable autoridad anónima de las imágenes, es un modo actual del rechazo a la castración, que va de la mano del pseudo discurso capitalista, usina de rechazos a los lazos del amor, al inconsciente y al sujeto, poniéndonos en la categoría de objetos de consumo = mercancía.

Aún así hay algo de lo íntimo que ese ojo “absoluto” no capturará de lo privado. De esa instantaneidad de la radicalidad del “ya”, infiero que hay un topos espacio – temporal, siempre velado por ser del orden de una imposibilidad lógica

Debatir nuestra posición de analista ante estos nuevos desafíos y estar a la altura de la época, es una de nuestras armas, escuchando, intercambiando en los dispositivos de congresos, jornadas, conversaciones, publicaciones y parafraseando a J-A Miller son nuestros “aparatos contra – soledad”

Y qué valiosa ocasión la de poder intercambiar y debatir con colegas del otro lado del Atlántico en estos “aparatos contra la soledad”, las crisis y las violencias.

Un refugio con aperturas, donde palabras, ecos y resonancias, y por qué no, silencios son de un gran valor. Cada uno con su soledad estructural haciendo lazo con otros.

 

Silvia Bermúdez . Miembro EOL y AMP. Bs As Argentina

 

[1] Chul-Han B; La sociedad de la transparencia. Herder, Bs.As, 2015 p 47-48

[2] Miller, J-A; Extimidad. Paidos, Bs. , As, 2010,p 109

[3] Bermúdez, S; El odio y su fundamento pulsional con Y. Meli; de Hacia un decir menos tonto, Analizar, gobernar, educar. Tres imposibles, Letra Viva Bs. As .2014. p119

[4] Alemán, J., El porvenir del inconsciente, Buenos Aires, Grama, 2006

 

 

 

 

 

 

 

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