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El tema de las Jornadas me evocó la frase que Pepe Biondi – un popular cómico argentino del siglo pasado – utilizaba en un personaje: “¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Dónde me pongo?”

Su presentación escénicamente desorientada, no era ni más ni menos que una trampa para atrapar a estafadores de poca monta, para así y mientras tanto disfrutar de los beneficios del malentendido.

Pero es el ¿Dónde me pongo? la interrogación, quizás cómica, pero siempre decidida, la que me interesa sostener, ya que esa pregunta habilita abrir una doble vía de acceso al tema de los cuerpos en crisis.

No solo pone en evidencia la incertidumbre que genera cualquier crisis, sino que sitúa esa incertidumbre en un recorte específico que – perteneciendo al ámbito del espacio – indica una dificultad referida a la localización del cuerpo.

Así es que muchas de las dificultades actuales bordean el ¿Dónde me pongo? ¿Qué hago con este cuerpo? ¿Dónde ponemos a este niño? Este joven no hace nada con su cuerpo, solo le interesa la pantalla. El médico dice que mi cuerpo está afectado de ataques de pánico. Me parece que me freno si me corto, si no no sé qué hacer. Esta medicación se ocupará de frenar ese cuerpo. No hay lugar para él en ninguna institución”

Ni que decir, o por el contrario tanto para hablar, de los refugiados que atraviesan penurias y mares en busca de un lugar, generando en los políticos y en el núcleo de la sociedad; ¿Dónde los pongo? la misma pregunta que nuestro amable personaje.

Ya en la segunda mitad del siglo XX, Michel Foucault[1] afirmaba que nuestra vida estaba gobernada por cierta cantidad de oposiciones que no se podían tocar y que ni las instituciones ni las prácticas todavía se atrevían a afectar. Oposiciones que eran indudablemente inamovibles

Ponía -como ya sabemos- las oposiciones “ intocables” entre el espacio privado y el espacio público, entre el espacio de la familia y el espacio social, entre el espacio cultural y espacio útil, entre el espacio de distracciones y el espacio de trabajo.

En la actualidad cuando Biondi el cómico, es una referencia y una nostalgia y ya se han tocado paradójicamente todas esas oposiciones intocables, resulta difícil reconocer el limite que las marcaba, e incluso, algo demasiado llamativo las funciones que cumplían. Hay un deshacer del discurso que ordenaba casi imperialmente ese funcionamiento y que asignaba el lugar de los cuerpos.

Cárceles, prisiones, escuelas y familias delimitaron el espacio para los cuerpos durante decenios pero esos lugares ya han declinado y se verifica el augurio de Foucault: los problemas que se avecinaban eran problemas de lugar o de emplazamiento o desplazamiento humanos.

Quiero citar (y una cita es literalmente una versión del hallazgo) un colectivo que transcurre en la Argentina y que no por casualidad se llama “Estrella del Oriente”[2], formado por artistas plásticos, músicos, escritores y poetas, que prepara una de sus obras: La ballena va llena. La obra consiste en la construcción de un gran crucero, con capacidad para cinco mil personas que aceptará sucesivos contingentes de migrantes que deseen mejorar su situación existencial. Una vez a bordo, mediante la intervención de curadores, artistas, psicoanalistas[3] y expertos en el mundo del arte, los migrantes serán instruidos y preparados espiritualmente, hasta que -a través de un cambio cualitativo alquímico- se conviertan en obras de arte. A partir de ese momento, estarán en condiciones de ingresar a cualquier país del llamado «Primer Mundo», pues la legislación de estos es ampliamente protectora de la llegada de obras de arte a sus museos y fundaciones.

Estamos citando una manera de arreglárselas con la dificultad para que los cuerpos ocupen, habiten un espacio. Y esta cita no es a ciegas sino que se vislumbra como referencia y similitud con la dificultad que presentan los autistas, esos parlêtres extranjeros en su hábitat corporal que fuerzan respuestas poco amables para el otro.

¿Dónde me pongo? tensiona y tensa, así, la ignorancia sobre el concepto de vida que Lacan asimila en 1972 al goce, “no sabemos qué es ser vivo, salvo solamente que un cuerpo se goza” y si la vida se presenta bajo la forma del cuerpo individual es en esa singularidad -que el conductismo presenta como nula en el autismo- la que habrá que tocar, tocar los pequeños bordes del goce del autista en un cuerpo quieto o agitado, pero nunca inánime.

Aunque desdeñemos la futurología podemos legitimar un cierto modo de la anticipación. Y ¿entonces? ¿Será imprudente conjeturar que el siglo XXI podría presentar una habilitación del despliegue cada vez mas intenso de los cuerpos autistas? Cuerpos con dificultades para la afectación y desorientados en los modos de ser habitados.

Hay crisis. Tal como nos orienta J.A. Miller[4], el cuerpo del parlêtre del Siglo XXI, está dividido en cuanto a su goce. Por una parte goza de sí mismo, se afecta de goce, y por otro tiene un goce que se deporta fuera del cuerpo, el goce de la palabra. En las presentaciones actuales se vislumbran las dificultades de extracción de este goce fálico en la operación que se llama castración.

Hay crisis. Y se vuelve palpable esa juntura que respalda tener “un cuerpo”, visibilizándose en la presencia de cuerpos maquinizados, robotizados que lejos de deportar ese goce fuera del cuerpo se sostienen, sin la brújula que la palabra otorga, vagabundeando, errantes y errando.

Hay crisis.

Afortunadamente, para nosotros, el psicoanálisis con su posición extraterritorial nos habilita a sostenerlo en la medida que es, siempre, “una oportunidad para recomenzar”[5] y “nos incita a interrogar el fenómeno, que constituye la aparición de una lógica, sus aventuras y las cosas extrañas que ha terminado por mostrarnos”[6]

 

Marita Manzotti. Miembro EOL y AMP. 

[1] Foulcault Michel. “El cuerpo utópico. Las heterotopias”. Espacios diferentes (Conferencia en el Circulo de Estudios Arquitectónicos . 14 de marzo de 1967) Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 2010

[2] www.cinenacional.com/pelicula/la-ballenavallena

[3]Psicoanalista Francisco- Hugo Freda

[4] Miller, J.A., Revista Lacaniana de Psicoanálisis. “El Inconciente y el cuerpo hablante”. Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Año IX, Numero 17. Noviembre de 2014. pág. 30

[5] Lacan, J. Mi enseñanza. “Mi enseñanza, su naturaleza y sus fines” Campo Freudiano. Paidos. 2006. pag.99

[6] Op, cit. Pag 95

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