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Escribo este texto diez días después de los Atentados de París.

Primeros momentos. Pantallazos de lo vivido.

Los atentados nos sorprenden conversando con colegas en el cóctel de la Asamblea de la ECF. Sin wi fi, nos enteramos por llamadas de seres queridos de fuera de Francia que se preocupaban por nosotros. Fue necesario un tiempo para percibir la gravedad de la situación y aceptar la solidaridad de una colega para alojarme esa noche.El domingo, en medio de una falsa alarma, fue necesario algún tiempo para comprender que no había peligro. Frente a lo real, es difícil orientarse, las coordenadas se conmueven.

El fin de semana destinado a las Jornadas cambió de programa, pero se mantuvo la dimensión de encuentro, de estar con otros colegas. Charlas , música, psicoanálisis, política, calidez. Contingencias afortunadas en medio del infortunio.

La necesidad de tomar taxis, deparó otros intercambios: las conversaciones con taxistas. Una de ellas me marcó. El taxista tendría 25 años, comenzamos a hablar de lo sucedido el día anterior, quería hablar:

“Fui a buscar a mi hermano a Saint Dennis, no les tengo miedo, los conozco. Luego trabajé hasta las 5 de la mañana y hoy salí de nuevo. No puede ser lo que han hecho”. Me cuenta su indignación y las disputas con conocidos que se han radicalizado, “Son locos, me quieren venir a enseñar a mi como si fueran más musulmanes que yo y lo son hace un par de años”. Me habla largamente de su locura, de sus discusiones con ellos respecto de cómo tratar a las mujeres. “No te das cuenta que tu madre y mi madre son mujeres musulmanas?”.

Sus palabras se quedan resonando en mi. Los atacantes son franceses. Crisis. Hay algo de la transmisión en juego, algo de la complejidad y las dificultades de la transmisión.

Inmediatamente recuerdo mi sensación al salir de la Mairie de Issy-les-molineaux en marzo luego de la conferencia de J A Miller que anticipaba de alguna forma lo que está sucediendo. La vuelvo a leer en el hotel:

El islam no fue intimidado por el discurso de la ciencia, como sí el judaísmo y el cristianismo. Y el islam dice lo que hay que hacer para ser una mujer, para ser un hombre, para ser un padre, para ser una madre digna de ese nombre, allí donde los curas y los rabinos, y ni hablemos de los profesores laicos, vacilan […].

Digo: triunfo islámico. …….. Como creo que tenemos que vérnoslas con lo real, la conclusión política que extraigo de esta consideración psicoanalítica es que, con este discurso, el del Estado islámico, la única manera de acabar con él, es derrotarlo. Eso es todo.

Lunes de análisis y control, París no es la misma. En el camino de uno a otro, recuerdo otro texto de Miller “Un esfuerzo de poesía”. En el aeropuerto lo busco, y leo:

Cada sesión de análisis, con lo que comporta de contingencia, de azar y de miseria, afirma, sin embargo, que lo que yo vivo vale para ser dicho.
Una sesión de análisis no es nada. Es tomada sobre el curso de la existencia. En ella formulamos lo que podemos; asfixiados como estamos, se destaca una hora para poder hablar, antes de ser inmediatamente retomados por el ritmo de la existencia.
Por poco que sea, una sesión de análisis está ahí para desmentir el principio de utilidad directa. Es la fe dada a una utilidad indirecta, una utilidad misteriosa, una causalidad que tendríamos problemas para detallar, de la cual ignoramos por qué canales pasa, pero que se impone.
Una sesión de análisis es siempre un esfuerzo de poesía, una playa de poesía, que el sujeto se procura en su existencia, la suya, gobernada por la utilidad directa.
…..
El analista no es irremplazable pero es Uno que está ahí para asentir. Es eso lo que hace fundamentalmente. Acoge y dice sí. Da acuse de recibo en el nombre de la humanidad.

De vuelta en casa

Varios días, para que lo vivido se vaya ubicando. La insistencia de la pregunta ¿Qué podemos hacer frente al horror? va cediendo paso a una respuesta posible.

Cada practicante del psicoanálisis, puede hacer lo poco que sabe: hacer lugar , hablar, escuchar, pero sobre todo hoy más que nunca tenemos por delante una apuesta por la transmisión.

Hay particularidades de la transmisión en esta época. Venimos hablando hace tiempo de la caída de los ideales, de la caída del Nombre del Padre, de que es una época de los Unos solos. Sin embargo, sabemos por nuestra práctica, que uno por uno hay efectos y que desde el Uno hay efectos de transmisión.

En la consulta verificamos que un profesor animado por un deseo transmite, que los padres y madres que no abdican antes de tiempo de su función transmiten. Que cuando hay un deseo en juego la transmisión se efectúa.

Efectivamente , la era del padre quedó atrás, lo sabemos y en un punto lo celebramos. No tenemos nostalgia de ello. Sin embargo, hay  valores de la modernidad que sostenemos, aunque renovados.

El psicoanálisis necesita cierto marco social para el ejercicio, no es posible en regímenes totalitarios. Nació a la luz de la modernidad y necesita de esa luz para permanecer. El psicoanálisis contraría la lógica del capitalismo contemporáneo sin límite.

Como psicoanalistas lacanianos podemos hacer un esfuerzo en transmitir, en nuestros lugares, en nuestras ciudades, la fuerza de la singularidad, el gusto por la diferencia, el aprecio a la cultura, el reconocimiento de la pulsión de muerte pero el empeño en contrariarla, el sentimiento de humanidad aún estando advertidos de lo inhumano que nos habita. Podemos hacer en nuestras ciudades un pequeño aporte para pensar las encrucijadas de la civilización actual.

Gabriela Medin. Miembro ELP y AMP. Madrid.

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